Cancer Coach

Qué es el COACHING

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EXPERIENCIAS PRÓXIMAS A LA MUERTE: UN VIAJE SIN DISTANCIAS.
Historia del inicio de un viaje

Fecha: 05/01/2021

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Reporte del Director de UCI, Klinikum der Johannes Guttenberg - Universität an Mainz/ Deutchland:
“Mujer de 31 años, convaleciente de: Sepsis Puerperal. Neumonía Viral. Meningoencefalitis. Tromboflebitis. Alergia. Inflamación flemonosa de ambos glúteos. Después de cinco días de alta, retorna a hospitalización con comienzo de abscesificación en ambos muslos, parte posterior y daño hepatocelular agudo, con infección contraída por transfusiones. Se suma alopecia aguda, anemia y flebitis en brazo izquierdo secundaria a cateterismo permanente durante terapia intensiva por cuarenta días intubada a respirador”.
 
EXPERIENCIA TRAUMÁTICA DESPUÉS DE DAR A LUZ, QUE ME LLEVA A LA UCI:
Por primera vez leo ahora estos diagnósticos crudos, de mi experiencia de hace cuarenta años en Alemania, inmediatamente después del nacimiento de mi hijo Daniel. Me pregunto: “¿Cómo subsistí a ese horror?”, “¿con tantos diagnósticos complejos, al unísono?”
 
Asocio la respuesta con un último mensaje desde mi mente “interna”, tal y como lo recuerdo antes de caer en el vacío de la inconsciencia: “¡No me puedo morir! ¡No voy a morir!”

 

Recuerdo hechos, palabras, emociones, sensaciones incrustadas en mi piel.
 
“¡Estás infectada!” ­–me decían, mientras tomaban todas mis ropas con guantes y las ponían dentro de una bolsa plástica. Miro a mi compañera de habitación, una matrona con su pequeño de nueve días, igual que el mío. Leí con nitidez la expresión en su rostro de horror, su miedo. ¡Me caló hondo!
 
Partí en silencio sepulcral a la UCI. Me recibió alguien que con un bisturí hizo dos “tajos” en mi pierna derecha, por la parte interior del muslo y la pantorrilla. Huellas que aún mantengo, ya que nunca me retiraron los puntos mientras estuve en esa inconsciencia.
- “¿Por qué me hacen esto?” –pregunté.
- “¡Estás infectada y sacamos muestras de tus músculos para conocer el microorganismo!”.
 
En mi diálogo interno me dije: “¡No puedo estar así! ¡Entré sana a esta clínica alemana!”. Quince días hospitalizada esperando el nacimiento de mi hijo. Finalmente, urgencia y pabellón, después de rollos y rollos de papel desde esa impresora conectada a un cinturón alrededor de mi abdomen (registros de una embarazada), en mi soledad de una sala de preparto.
 
Vi la expresión demudada del médico. Luego gritos al teléfono exigiendo un pabellón: “¡Ahora ya!”. Desconozco qué le contestaron; sólo que repitió, aun más fuerte: “¡Dije, ahora, ya!”. Finalmente, mi despertar al día siguiente, tras una cesárea con anestesia general. Sin saber de mi hijo, ni tampoco de lo ocurrido. Sólo recuerdo haber preguntado de manera repetitiva de vuelta de la anestesia: “¿Salió todo bien?, ¿Es niño o niña?”
 
Ya consciente, apareció el médico que me operó. Recibí un comentario muy molesto de su parte.
¿Es que usted no sabía que no podía tener más hijos?
¿Por qué? -contesté.
¡Su útero no estaba en condiciones y se perforó!
– ¿Y usted que hizo?
– Lo zurcí -contestó.
 
Años después entendí que hubo una “mala maniobra” y se le “rajó”, según me explicara un connotado obstetra chileno.
 
Con mi hijo conmigo a ratos, y tras nueve difíciles días y debido a la gravedad de mi estado, me llevaron a una UCI de manera urgente, brusca y violenta para mí.
 
SILENCIO Y CINCO AÑOS DESPUÉS UN LIBRO ME LO EXPLICA:
De vuelta a Chile, cinco años de mutismo absoluto en ese mundo del sí mismo o self (inglés) y absorta en mi “mismidad”.  Me transformé en una curiosa “personaje” con una nueva jerarquización en mi escala de valores, donde la sensación de omnipotencia me indicaba: “¡Si pasaste ésta, ya no mueres! Tampoco enfermarás. Podrás con lo que decidas: ¡el poder está en ti!”. Recordaba a papá cuando me decía de pequeña: “Hija, la cabeza manda al cuerpo”. ¡Cuán creíble me resuena ahora, aún de grande!, después de su muerte a los noventa y ocho años.
 
Algo semejante me ocurrió con el dinero. Empecé a transformarme y lo que antes tuvo algún valor, dejó de tenerlo a punto de perderlo todo (porque “es para que circule y sea compartido por todos”-me decía). La vida se tornó en una nueva realidad difícil de compartir con la convivencia histórica previa y la vivencia actual de omnipotencia. Todo había cambiado de significado, porque yo había cambiado. Se cumplía la regla en mí: “Si quieres cambiar el mundo, cambia tú”.
 
El tiempo corría lento y recurrentemente me contactaba con un recuerdo potente de “Haberme peleado con ese resbaloso túnel de la muerte, en mi inconsciencia de ‘intubada’, a pesar de una Luz maravillosa que me atraía y me invitaba a ir por ella”. Yo también había visto ese túnel y esa luz, y también me llamó poderosamente, pero no era mi momento de irme.
 
Y así mi existencia corrió en el silencio de mis recuerdos de esa experiencia del umbral de la muerte (más bien de la vida) y durante varios años, mientras trabajaba y cuidaba del desarrollo de mi hija e hijo, nacido este último durante toda esa experiencia.
 
Un día cualquiera, encuentro en el living de mi casa un libro: “Más allá de la luz”, de Raymond A. Moody. En el que describe experiencias en el umbral de la muerte, a las que llamó NDE (Near Death Experience; o EPM, en español, Experiencias Próximas a la Muerte), y las asocia a experiencias de “iluminación mística, de conexión con “algo más que nosotros”, en unidad con un Todo.
 
Nunca supe cómo llegó este libro a mi casa, ni quién lo puso allí, por más averiguaciones que intenté con mi familia. El caso es que me quedé sin palabras cuando leí en una parte de este libro: “Los que vivieron esta experiencia del túnel, la Luz y el retorno, son seres que murieron y volvieron”. No estoy segura de que el texto fuera exactamente así o si yo lo leí de ese modo. Sin embargo, la consecuencia concreta fue que quedó en esa página el marcador y nunca más en mi existencia lo volví a tomar hasta el día en que escribo estas palabras, cuando, en el otoñar de mi tiempo, se mantiene intacto por más de cuarenta años del mismo modo.
 
Curiosa experiencia. Maravillosa existencia, con la que hoy vuelvo a conectar, gracias al Dr. David Calvo, médico español y coach de salud. David acompaña a quienes van a morir en sus últimas conversaciones, si así se lo demandan, lo que a veces hago desde mi experiencia como psicóloga e hipnoterapeuta en un acompañamiento para “bien morir” o “bien vivir” el tránsito, como le gusta decir a él, relacionado con la opción de esta vida en plenitud consciente.
 
SESIÓN DE HIPNOSIS PARA REDEFINICIÓN DE EXPERIENCIA DEL TÚNEL Y RELACIÓN CON MI HIJO:
Durante diecisiete años viví con la experiencia de habérsela peleado a ese túnel resbaloso y mi fuerza ganadora que me permitió quedar en la tierra y continuar la vida, con mi familia  y la crianza de mis hijos.
 
En un momento de quiebre matrimonial, ya de vuelta en Chile, decidí consultar con una maravillosa terapeuta, Dorothy Bowie, una mujer “grande” -como dicen los argentinos cuando se refieren a los mayores.
 
Era la Directora del Instituto de Hipnosis Ericksoniana en Chile, norteamericana. Una mujer sencilla, esposa de un obispo metodista, que prestaba servicio a las personas de su comunidad cuando necesitaban ayuda terapéutica. Atendía en su casa, igual que el Dr. Milton Erickson (psicólogo y médico, gran desarrollador de la hipnosis). De hecho, se había formado cercana a él y con el Dr. Zeig (Ph.D en Psicología y Director del Instituto Milton Erickson de Phoenix).
 
Ha sido sin duda la mejor experiencia de mi vida en lo terapéutico, ya que me sorprendí de todo lo maravilloso que había en mí, de mis recursos y posibilidades. De hecho, ella fue una gran maestra en mi camino como hipnoterapeuta.
 
Recuerdo que llegué a una sesión, preocupada por mi hijo, ya que lo percibía muy dependiente de los demás y poco feliz. Me invadía el dolor por su falta de apego de recién nacido donde estuvo casi tres meses sin el contacto materno (y el paterno, muy a ratos) en aquella clínica alemana.
 
Ella, a veces, iniciaba conmigo la inducción hipnótica con una oración -por ser creyente- y le pedía al Padre que me condujera a la respuesta que necesitaba para el tema con mi hijo.
 
En pocos segundos de inducción me contacté nuevamente con el “túnel”. Para mi sorpresa, en esta rememoranza no ofrecí resistencia; muy por el contrario, me fui como una flecha directamente hacia una Luz blanca, muy brillante, atractiva y maravillosa.
 
Al final de ese túnel, entro en un espacio donde visualizo a mi padrino y cuñado Bertín y mi tía Bertita, a mi derecha. Son personas muy queridas por mí y fallecidas muchos años atrás, y me reciben con mucho amor, sonrientes y con un gesto de acogida, todo en lenguaje gestual.
 
Enseguida, miro al frente y veo a un tremendo espacio de Luz y un gran Ser de Luz, quién, con una herramienta semejante a un combo (=martillo grande con la forma redonda en la punta), rompía piedras de luz en fragmentos y los lanzaba al espacio sistemáticamente en direcciones diversas.
 
Pensé en la creación del mundo, a la vez en Martin Heidegger y su concepto del Dasein (literalmente “ser-ahí”) y cómo el  estar-en el mundo, a la vez del ser arrojados al mundo. Esta curiosa combinación de ideas cruzaba por mi mente en ese espacio especial.
 
Embobada con este entorno, en un momento ese Ser de Luz me mira, se percata de mi presencia, se acerca, me abraza amorosamente por un rato prolongado y me hace un gesto con su mano mostrándome la dirección del retorno, que interpreté como una orden de volver a la Tierra con los míos.
 
PRIMER CAMBIO DE ESCENA EN LA HIPNOSIS: MI HIJO ABANDONADO Y SOLO.
A continuación, aparece, en mi proceso de inducción un cambio de escena. Otro espacio e imágenes: una mujer en una cama de hospital, rodeada de muchos médicos que la miraban, me imaginé eran los pasantes de esa Clínica Universitaria de Mainz.
 
Enseguida pude visualizar a un bebé solo, desnudo en una balanza. Era mi hijo recién nacido, abandonado a su suerte. Unas lagrimas rodaban por mi rostro sin poder articular palabras, mientras los médicos me observaban como “bicho raro”. “¡Porqué no se preocupan de mi hijo!” -clamaba mi mente. Trataba de hablarles, pero mi voz era inaudible y mi impotencia enorme por no poder moverme.
 
2º CAMBIO DE ESCENA: MI HIJO TIENE TODOS LOS RECURSOS.
Enseguida, una nueva escena. Pienso en cuánta habilidad adquirí para entrar tan rápido en una inducción y en la posibilidad de ir más y más profundo dentro de mi ser, buscando la respuesta precisa que necesitaba.  
 
Aparece esa mujer en la misma cama y el pequeño recién nacido encima de una cubierta, parecida a un mudador; ambos unidos por un cordón de luz desde sus estómagos; además se agregaba un cordón y globo de luz que salía de la cabeza del bebé. ¡Qué maravilla!, un cordón umbilical de luz y mi hijo con su propio globo de Luz. Esa misma resplandeciente de aquel espacio iluminado visitado.
 
Abro los ojos y mi terapeuta, con mirada amorosa, me pregunta si encontré la respuesta que buscaba. Con lágrimas de felicidad respondo: “¡!”
 
Desde esa experiencia, cada vez que me preocupa algo relacionado con mi hijo, me vuelve esa potente imagen y la misma respuesta: –“¡Sí, mi hijo tiene sus propios recursos, tiene su propia Luz! ¡No te preocupes!”.
 
 

NUEVOS VALORES, EXPERIENCIAS Y LENGUAJE
La experiencia límite, el túnel y la vuelta a la vida me transformaron en una persona curiosa para otros, y más auténtica para mí, más conectada conmigo misma.
 
Mis hijos a veces bromean y me preguntan si estoy viva o soy una “resucitada”, y nos reímos juntos de esa huella que marcó nuestras vidas. Mi hijo y yo hospitalizados en espacios diferentes de aquella clínica, y mi hija al cuidado de amistades alemanas recién conocidas, mientras su padre, mi esposo, trabajaba y nos visitaba cuando podía. A mí en medio de esa “inconsciencia” y a nuestro hijo a través de un vidrio.  En verdad, nunca conversamos de eso y cada uno llevamos esas huellas en “nuestra piel” grabadas que cada cual podrá descubrir y contactarse, si le resulta necesario.
 
Lo concreto es que me transformé en una persona desinteresada por las cosas y el dinero, con la seguridad que la Divinidad proveerá lo que necesito.  Perdí el sentido de las cosas materiales y he quebrado más de alguna vez en mis emprendimientos, por confiar en otros y no controlar o gestionar mejor.
 
Cuando me contacto conmigo misma, descubro que soy una persona que no tiene miedos y que puede disfrutar de lo que inventa cada día. En esta revisión que hago, al escribir estas experiencias límites, descubro que soy feliz con lo que tengo, construyo y “fluyo” en lo cotidiano.
 
He descubierto que el camino de la filosofía apreciativa comulga conmigo y trato de llevarla a la práctica, en mi vida e interacción con los demás.
 
A veces coexisto con seres invisibles a los que accedo como si fuera entrando a un camino paralelo por un rato y luego vuelvo al mío. También puedo conversar con mi amado hermano Leonardo, quién partió joven de este espacio y a quien pude acompañar hasta sus últimos días con su cáncer a cuestas. Y estas vivencias me son nutritivas, sin duda, a la vez muy mías, ya que de comentarlas podría ser diagnosticada de algo extraño por quienes disfrutan de esos rótulos. Yo lo vivo en paz, y me da paz para mi vida aquí.
 
Me he transformado en una aprendiz en campos diversos, siempre en movimiento, estudiando nuevas cosas, donde la innovación marca la tendencia.
 
Muy agradecida del Doctor David Calvo, que me ha posibilitado hablar de algo que iba calladamente con mi existencia y que hoy me posibilita colaborar con personas que están graves, con miedos o próximos a dejar esta tierra. Puedo transmitirles mi mensaje de que pueden estar tranquilos, que pueden despedirse bien y en paz de este mundo, a la vez de imaginar cómo quisieran que fuese ese otro nuevo camino a recorrer.
 
***
 
EXPERIENCIAS PRÓXIMAS A LA MUERTE (EPM): LA TRANQUILIDAD DE QUE TODO ESTÁ BIEN.
Existen dos investigadores de reconocimiento internacional sobre las experiencias que las personas que han sufrido una muerte clínica documentada relatan al “volver”, con múltiples libros publicados y medios de difusión que hablan de ellos (incluido el cine). Estos dos científicos, que se han interesado durante muchos años en recoger los testimonios de personas que han pasado una experiencia así, de distintos lugares del planeta, y que han acompañado a muchas personas durante ese proceso, son Raymond Moody y Elisabeth Kübler-Ross.
 
Los dos son psiquiatras y expertos conferenciantes sobre el tránsito del final de la vida, tal y como la conocemos. Dan fe de haber recibido el testimonio de personas que han muerto durante un periodo clínico -documentado por médicos- y vuelven a la vida con el recuerdo consciente de lo que acababan de vivir. Y aunque hay una esperable variabilidad en los hechos y procesos que narran las distintas personas que lo han vivido, hay ciertas características que les son comunes a todas ellas, algunas muy impactantes para ser pasadas por alto sin pasarse a reflexionar que puedan tener una veracidad franca.
 
TODOS LOS TESTIMONIOS EN COMÚN: NO TEMOR, ES UN TRÁNSITO EN PAZ, VOLVER A CASA.
Los dos aspectos que más destacan estas personas son que no tenemos que tenerle miedo a la muerte, porque es un tránsito en paz, y que te sientes como en un lugar conocido, como si estuvieras en casa.
 
Lejos del atávico miedo a la muerte, a una inexistencia traumática, a una experiencia como es vivida muchas veces desde “la vida” de los que quedan, generalmente las personas que han tenido una EPM hablan de una vivencia en paz del hecho de que abandonan su cuerpo y la vida tal y como la entendían en este mundo.
 
Muchos son los detalles que en ocasiones proporcionan sobre lo que “perciben” desde esa otra esfera, dimensión, estado, o como quiera que lo llamemos. En muchos casos, estos investigadores describían testimonios de pacientes que habían visto y reconocido las personas que les habían ayudado o habían estado ahí en el momento en que estaban ya inconscientes, “fallecidos”, con los ojos cerrados y sin movimiento, sin latido cardiaco y sin respiración (documentado por profesionales sanitarios).
 
Existen casos de recordar la matrícula del coche que les atropelló (sin poder haberla visto antes), de conocer lo que decían o quienes estaban (sin haberlos visto antes de la parada cardiorespiratoria PCR), de visualizar objetos que estaban a varios metros sobre el lugar donde habían quedado (por ejemplo, una zapatilla en el tejado de una casa), el nombre de la enfermera que les atendió o que dejó la dentadura en un cajón (cuando ya estaban inconscientes)… casos realmente impactantes y que nos hacen reflexionar sobre lo difícil que sería una mentira tan organizada en estos casos y la insustancialidad de la misma.
 
Al igual que nos fiamos de lo que nos ponen otros libros: ¿Qué nos hace dudar de los testimonios tan coherentes, aunque distintos de personas que lo han vivido, a lo largo del planeta, y que también están en libros de científicos reputados?
 
Una objeción habitual que nos hacemos cuando no deseamos aceptar estos testimonios es que nadie sabe qué ocurre después, dado que nadie ha vuelto. ¿Verdad que nos suena escuchárnoslo o escuchárselo a otro? Pues bien, podemos creer en estos testimonios o no, de adultos y niños, de unos países u otros, pero no podemos decir que nadie lo haya contado, pues existen muchos libros en que se registran innumerables casos. Y el mensaje es claro: “No hay nada que temer. Todo está bien”. Lo viviremos todos, y lo viviremos en paz y reconoceremos el “lugar” como conocido, en “casa”.
 
NO LO VIVIREMOS SOLOS:
Otro detalle que suelen aportar es que, viendo o no una luz en un túnel, al que se sienten impelidos o atraídos a avanzar, son recibidos por personas allegadas, queridas y conocidas. Pueden recordar quiénes les vienen a recibir para hacerles el tránsito más sencillo y disminuir el esperable estado de confusión que muchos sienten. “No lo vivimos solos”: otros que conocemos y en quienes confiamos (por ser seres queridos que ya han fallecido), nos ayudan en este tránsito para hacerlo aún más pacífico y sereno.
 
LA EXPANSIÓN DEL NO-CUERPO Y UNIÓN CON TODO, COMPRENDIENDO A QUIENES QUEDAN:
Además, refieren en muchas ocasiones cómo se expanden. Después de abandonar su cuerpo y verlo desde lo alto (como a unos metros sobre él y las personas que con el cuerpo quedan), sienten cómo se van expandiendo y fundiendo con un todo sin corporeidad, generalmente como una luz.
 
Pueden saber sin interferencias lo que sienten las personas que están viviendo en esa situación de su muerte, y con ello, son conscientes del sufrimiento que dejan cuando se van. Dicen poder leer directamente sus pensamientos y emociones, sin tener que ser expresados a través de un ineficiente lenguaje, con una comunicación que no deja dudas y que no puede mentir (una especie de telepatía es como generalmente se describe).
 
EL MUTISMO DESDE LO POLÍTICA Y CLÍNICAMENTE CORRECTO:
Es probable, que todos nosotros hayamos tenido personas próximas a las que le haya pasado una experiencia similar en su vida o que sepan de alguien que sí la haya tenido. Y, sin embargo, raramente se expresa con tranquilidad en público. Es como si solo fuera políticamente correcto hablar de la muerte como algo temible, peligroso, tortuoso y culpable. Como si sólo el miedo y la culpa pudieran relacionarse con el fin de los días de un cuerpo, que la misma Medicina acepta como no identitario de una persona (dado que lo trasplanta parcialmente para que otros vivan, y no por ello considera que trasplante la identidad de una persona en otra).
 
Muchos son los escritos milenarios de diferentes orientaciones que han aportado la misma información: “La vida no termina y es eterna”, pero no así la vida del cuerpo. “No somos un cuerpo” sino una energía (espíritu, alma) y esa energía -como bien nos dice la ciencia- “ni se crea ni se destruye, solo se transforma”.
 
La transformación de la que aquí hablamos no es de átomos ni partículas subatómicas, sino del verdadero ser que somos y que no es visible pero sí reconocible. Al igual que muchas veces nos comportamos “con nuestro cuerpo” desde emociones como la ira o el miedo, y nuestro comportamiento no es un fiel reflejo de “nosotros mismos”
 
Y sólo somos nosotros cuando ponemos lo mejor de nosotros mismos en algo, con todo nuestro amor por hacerlo bien, bien sea amar a otro ser querido o bien realizar un trabajo de la mejor manera posible.
 
-La forma es la que es visible, el cuerpo en el que “moramos”, pero es inconsciente (¿o es que hemos visto a algún cadáver hablar de sí mismo?).
-El contenido es inmaterial, y autoconsciente, y es lo que ofrece la vida a ese cuerpo, el que, sin él, no sería un buen vehículo para la expresión en la forma del contenido de amor que somos.
 
TODOS SOMOS CREYENTES: EN QUÉ CREAS CREARÁ TUS EMOCIONES HACIA LA VIDA.
Entramos en el campo de las creencias y cada uno tiene las suyas. Lo extraño es que creemos que lo que creemos no son creencias, y que son verdades… pero, todo son creencias.
 
Por lo tanto, si podemos elegir entre unas y otras, y las unas nos hacen sufrir y con las otras nos sentimos en paz, ¿qué nos hace elegir sufrir?, ¿por qué no elegir vivirlo en paz y con amor a la vida que hemos tenido, independiente del hecho de que muchos digan que sigue, aunque de otra “forma”? ¿Qué más da la forma, si el contenido de la vida se llena de armonía y alegría por el ser que perdura? ¿Acaso esto no nos lo han dicho antes?
 
El mayor problema, es que todo esto, nos lo decían las RELIGIONES. Y todas y cada una de ellas insisten no en la eternidad, el amor y la paz; sino ante todo y sobre todo en SU DOGMA, separándose muy especialmente del dogma del vecino, al que además llaman ateo, blasfemo, adorador del falso dios o cosas similares.
 
Todos somos creyentes: en la existencia o no existencia, en un sistema u otro. Sea como sea, todos creemos en algo. La elección está en lo que creer. Bien en que nuestra existencia es fruto de una sucesión de hechos inconscientes, inconexos, fortuitos y sin sentido último alguno (= creencia en la Ciencia, salvo parte de la física cuántica); bien que somos fruto del miedo, la culpa y el pecado (=creencia en la mayoría de Religiones); o bien en que somos fruto y extensión del amor, en paz y en alegría del ser (=creencia en la Espiritualidad, como una búsqueda en el interior).
 
Como veamos al “otro” es como nos vemos a nosotros mismos. Hay una pregunta que cuando la respondemos, todas quedan aclaradas desde nuestra identidad: ¿Quién soy yo? ¿Ya te la has planteado? Si has llegado hasta aquí, es que estás preparado para ella.
 
 


Autores:
  1. Carolina Bozzo Dumont:
    • Directora Escuelas de Coaching y Psicoterapia Grupo Capsis Chile.
    • Master Coach Trainer Certificada Grupo Palo Alto. USA.
    • Psicóloga Universidad de Chile, Psicoterapeuta y Supervisora Clínica Acreditada, MRI (Mental Research Institute) Palo Alto. USA.
    • Formación Hipnosis Clínica USA.
    • Doctorando en Gestión Avanzada en Negocios Internacionales, Universitat de Lleida - España.
  2. David Calvo Temprano (Director EEL Asturias; Coach del Cáncer, crónicos y terminales; Practitioner PNL; Médico radiólogo en HUCA; Doctor en Medicina y Profesor Universidad Oviedo).

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