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GESTIÓN DE LA INCERTIDUMBRE I: del miedo a la confianza y curiosidad.
Cuando vivimos la incertidumbre con miedo, dejamos de ser nosotros mismos; desde la confianza, sentimos, vimos y aportamos el amor que llevamos dentro.

Fecha: 19/07/2021

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LA VIDA ES PURA INCERTIDUMBRE Y NO PODEMOS CONTROLARLO:
¿Dolerá o no dolerá, me gustará o me desagradará, lo lograré o me quedaré en el camino?

Estas cuestiones podrían ser ejemplos de momentos de incertidumbre; un término relacionado con la duda por lo desconocido, por aquello que aún no ha sucedido. Cuando la inseguridad llega a nuestra mente, no nos encontramos en el presente, estamos anticipando el futuro, bien inmediato, a corto, medio o a largo plazo.

La incertidumbre es una falta de control ante lo que no depende de nosotros mismos y de nuestro buen hacer, genera frecuentemente miedo y hace que muchas personas que la padecen la vivan con angustia o desasosiego.

Analicemos que como seres racionales queremos conocerlo todo y que lo que creemos saber sea cierto. Pero no somos conscientes de que la incertidumbre no puede desaparecer nunca.

El físico alemán Werner Heisenberg ya nos advirtió de que no podemos conocer la realidad con tal certeza. Definió la relación de indeterminación o principio de incertidumbre, la cual expresa cómo cuanta mayor certeza se busca en determinar la posición de una partícula menos se conoce su momento lineal, y, en consecuencia, su masa y su velocidad.

Es decir, si quiero estar seguro de la posición exacta de una persona (espacio) tendré que asegurarme de dar un margen temporal amplio (tiempo) para que en algún momento esté ahí, por ejemplo, en su casa. Pero si doy un margen amplio, por ejemplo, en su ciudad, podré estar más seguro en cualquier momento de que estará en ese “margen espacial”, con una alta probabilidad de acierto.
 

VIVIR LA INCERTIDUMBRE DESDE LA ACTITUD ADECUADA:
La incertidumbre es lo contrario de la certeza, definida por la RAE como “aquel conocimiento claro y seguro de algo”. Digamos que su relación es inversamente proporcional dado que, a mayor incertidumbre, habrá menor probabilidad de certeza.

En este punto, pienso que hay una alta probabilidad de que usted continuará leyendo este artículo, pero no tengo la certeza absoluta de que lo hará.

Todos hemos escuchado predicciones de que un asteroide impactará en la Tierra en una hora y fecha determinada, ¿es real que esto sucederá? ¿podemos vivir con la duda de ello?

En la coyuntura actual nos invade la incertidumbre de la enfermedad debida a la PANDEMIA COVID19; es de lo que nos alimentamos todos los días, televisión, radio, conversaciones, etc.., pero ¿ciertamente llegaremos a enfermar? ¿será eficaz la vacuna? ¿son fiables los tests? ¿en qué modo afectará esta crisis sanitaria a nuestra economía?   

Si lo analizamos más profundamente, es difícil creer cómo podemos vivir en armonía. Si la respuesta a nuestras dudas son porcentajes y predicciones, siempre existirá un porcentaje de que todo salga mal… o bien. 

Es así como la actitud juega un papel fundamental, ya que existe una tolerancia individual a la incertidumbre que hará que, ante una misma situación con potencial riesgo (y beneficio), dos personas tomen diferentes decisiones, y, por ende, lo vivan y lo sientan de forma completamente distinta.
 
 
UNA MENTE ADICTA AL CONTROL, UNA VIDA “SEGURA” INVENTADA:
Nuestra mente no está adecuadamente preparada para el desconocimiento, para no saber qué va a suceder y a qué nos vamos a “enfrentar”.

Sea un suceso bueno o malo, creemos sentirnos mejor cuando todo lo que nos puede afectar está controlado. Preferimos incluso recibir una mala noticia que la incertidumbre de no conocer el resultado (ej.:” doctor, dígame la verdad, ¿estoy muy grave?”).

¿Tiene esto sentido? ¿es mejor la incertidumbre de lo bueno que la certeza de lo malo?

Y es que LA MENTE ES ADICTA AL CONTROL, a la necesidad de sentirse “segura”, aun cuando no se puede tener una certeza absoluta sobre nada. De tal forma es adicta al control que, si no tiene criterios para ello, literalmente SE LOS PUEDE LLEGAR A INVENTAR.

Por ejemplo, yo nunca podré saber cuándo me voy a morir, pero vivo como si estuviera garantizado que mañana fuera a estar vivo; de forma que hago planes y anticipo movimientos de los que no tengo el control absoluto.

Sin embargo, cuando el médico declara a un paciente su situación de vulnerabilidad, en riesgo vital, por ejemplo, por un cáncer, se vive de forma muy precisa la falta de seguridad en que el día de mañana vaya a llegar.

La misma muerte no nos preocupa tanto en sí, ya que la consideramos una certeza absoluta, sino la incertidumbre de cómo y cuándo sucederá.
 
LA MEDICINA: CIENCIA DE INCERTIDUMBRE, ARTE DE PROBABILIDAD:
En Medicina nos “enfrentamos” continuamente con la incertidumbre y la falta de certeza.

A nuestra mente viene una frase de un icono de la medicina fallecido de neumonía durante la “gripe española”, William Osler (la telangiectasia hemorrágica hereditaria o enfermedad de Rendu-Osler-Weber lleva su nombre en parte), que expresaba que “La medicina es la ciencia de la incertidumbre y el arte de la probabilidad”.

¿Acaso la ciencia no debe siempre mostrar certeza absoluta?

Quizás la Medicina sea la ciencia que más acostumbrada está a manejarse con la incertidumbre, debiendo tomar decisiones importantes aun cuando la evidencia científica no es tan rigurosa y consistente como querríamos.

A todo médico le gustaría poder asegurar siempre el diagnóstico de lo que le sucede a su paciente y poder asegurarle que se curará con el mejor tratamiento para él, sin efectos secundarios ni complicaciones. Pero esta situación óptima, no siempre se da, lo que les hace especialmente vulnerables a los imprevistos que la realidad tiene.
 
EL MIEDO NO ES NECESARIO ANTE LA INCERTIDUMBRE:
El mayor problema es que la incertidumbre la vivimos con frecuencia desde el miedo. De hecho, prácticamente se da por supuesto en situaciones cotidianas, pues así nos han enseñado -y habitualmente transmitimos nosotros a nuestros hijos a modo de instinto protector, como no hacerse daño, al resultado de un examen, el no saber dónde está un hijo a las tantas de la noche, el no conocer el resultado de una prueba diagnóstica, el desconocer la eficacia del tratamiento adecuado, el no conocer el cuándo y cómo nos moriremos…

El MIEDO es una emoción muy común en el ser humano y que todos hemos experimentado en mayor o menor medida. Una emoción básica y primaria con la que todos hemos nacido, y que compartimos con el resto de las personas del planeta, independientemente de su etnia, que se considera “necesaria” para la supervivencia desde el punto de vista neurobiológico, y que también se considera presente en los animales, especialmente en los mamíferos, aun cuando el cerebro reptiliano presenta ya las estructuras cerebrales básicas implicadas en su vivencia neuronal.

No obstante, lo que inicialmente aprendemos quizás con miedo, no siempre necesitamos seguir desarrollándolo desde el miedo, para mejorarlo adecuadamente… de hecho, el miedo puede ser un problema para perfeccionar lo aprendido.

Por ejemplo, un domador de leones es probable que haya tenido inicialmente miedo a las “fieras”, pero acaba por amar a sus “animales domesticados”, a los que respeta, cuida y aprecia, y esto nada tiene que ver con el miedo; pues confía y valora su contacto, respetando unas normas de alimentación y trato básicos.
 
¿EL MIEDO Y LA SUPERVIVENCIA?: SECUESTRADOS POR EL MIEDO.
Con frecuencia el miedo a lo desconocido es un freno de vida, y evita que quien lo experimenta pueda avanzar y dar un salto a nuevas oportunidades, siendo así un lastre en su vida, en muchas ocasiones sin ningún riesgo para su supervivencia.

Así, cuando un trabajador desarrolla un miedo ante su jefe por reiteradas llamadas de atención de una forma inapropiada del jefe hacia él, puede sentir un miedo anticipatorio con solo escuchar su caminar por la oficina, pero esto raramente se pondría en un plano de supervivencia vital para el ser humano que trabaja ahí. No obstante, en un plano emocional profundo, su cuerpo estará viviendo el estrés propio de un individuo que escapa de su depredador, y se “sentirá” viviendo una “lucha por su supervivencia”.

El miedo es la emoción más vinculada con la incertidumbre, dado que la sentimos ante situaciones en las que evolutivamente hemos aprendido a poner mucha atención ante la posibilidad de riesgos vitales o daños, generalmente físicos, aunque no son los únicos. Con miedo vemos el entorno como un muestrario de amenazas ante las que hay que protegerse, aun cuando otras personas en el mismo escenario pueden estar confiadas y tranquilas.

Por ejemplo, ante el examen de conducir. El mismo día del examen algunos optan por estar nerviosos y temerosos por suspenderlo, y otros lo viven de forma tranquila y expectante por el resultado confiable de la obtención de su licencia. ¿Qué hay de diferente en el mismo escenario? Su interpretación. Uno lo ha visto amenazante, posiblemente porque si suspende signifique algo “malo” para lo que es su “identidad”; y el otro, aún sin necesitar estar seguro de aprobar, quizás pueda simplemente darse cuenta de que puede intentarlo tantas veces como quiera.

Cuando sentimos miedo, dentro del cerebro se activa un sistema dedicado al mundo de las emociones: el SISTEMA LÍMBICO, y concretamente las amígdalas cerebrales, localizadas en el polo anterior de la profundidad de ambos lóbulos temporales.

Cuando estas amígdalas se activan de forma bilateral e intensa se produce lo que se ha venido llamando un secuestro emocional, porque el cerebro racional, alojado en las funciones del lóbulo más evolucionado, el lóbulo prefrontal, se anula, se “secuestra” y “deja de tener las riendas del cerebro”.
Por lo tanto, cuando sentimos miedo no actuamos como somos, sino que solo somos “miedo”, dirigido por el cerebro menos evolucionado o reptiliano, según la teoría del cerebro triuno propuesto por MacLean.
 
CUESTIONAR, RACIONALIZAR Y RELATIVIZAR PARA RECUPERARNOS:
Para recuperar la funcionalidad racional en momentos así y volver a ser nosotros mismos tenemos que frenar y tomarnos un respiro. Tenemos que afrontar la situación y vencer al miedo.

Para ello necesitamos poner el foco en el afrontamiento y no en la huida, pues si huimos, no veremos que el miedo no tiene fundamento... pues solo es una creencia en un riesgo, pero esto no es sinónimo a que el riesgo sea real. Está calculado que menos del 5% de nuestros miedos se cumplen, por lo que nuestra mente “secuestrada” nos engaña vilmente, y nos presenta un escenario que nada tiene que ver con la realidad.

Necesitamos volver a ser nosotros y devolver el poder mental al lóbulo prefrontal, sede de la racionalidad, el discernimiento y la personalidad. Lo que mejor “nos define” a nivel cerebral es el lóbulo frontal, el lóbulo de las decisiones conscientes y racionales.

¿Qué puede activar el lóbulo prefrontal y qué desactiva la amígdala? Sin duda el preguntarnos de qué otra manera podemos vivirlo, de qué manera podemos ver alternativas sin miedo, o pensar en qué opciones tenemos para resolver la situación que nos ofrece el miedo. En cuanto entra a funcionar el lóbulo frontal, el raciocinio va cogiendo terreno y será más difícil que se mantenga secuestrado por el miedo.

Acciones aún más poderosas son poner el foco en la confianza, en la generosidad, en la actitud de creer que todo saldrá bien, y luego aplicar medidas racionales y realistas a la búsqueda de la mejor manera de vivirlo y/o resolverlo.
 
DISPONTE A QUE LA VIDA TE SORPRENDA:
Recordemos que el término sorpresa se refiere a recibir o vivir algo inesperado con la posibilidad de que sea bueno. Es una emoción muy breve que en principio nuestra mente asocia como algo emocionante y positivo. ¿Te gustan las sorpresas? ¿te gustan los regalos? ¿te gusta la vida?

Los rasgos individuales de la personalidad son los que parecen marcar que unas personas se sientan más libres de salir de su zona “cómoda” (mal llamada de “confort”, cuando en realidad se refiere a la “zona habitual” en la que normalmente vivimos y convivimos con lo conocido hasta ese momento) y puedan experimentar nuevos retos y experiencias de vida. Los individuos con personalidad positiva habitual tolerarán mejor la incertidumbre, los cambios y los nuevos retos.

Podemos plantearnos programar nuestro día, nuestra semana o nuestras vacaciones, pero siempre debemos dejar un margen para lo inesperado, pues nunca sabemos lo que va a pasar. Podemos programar nuestro día de trabajo, pero no ocurrirá exactamente lo programado; o intentamos planificar algo que pensamos que depende tan sólo de nosotros mismos, como nuestras vacaciones, minuto a minuto, sin embargo, quizás nos encontremos un atasco en la autopista y lleguemos tarde al aeropuerto, o el pasajero de al lado es nuestro mejor amigo de la infancia y compartiremos momentos con él en nuestras vacaciones.

Todo lo programado resulta también ser impredecible y esta posibilidad de sorpresa podemos verla como algo maravilloso, a lo que estamos abiertos y dispuestos a disfrutarlo con alegría, confiando en lo que la vida desee ofrecernos.

El aprendizaje de la confianza será necesario para afrontar la certeza de esta incertidumbre en la vida.

La desconfianza viene aprendida debido a hechos pasados que hemos constatado (o así lo creemos), a que nos enseñan desde niños a padecerla, y quizás sea nuestro papel de mayores aprender a filtrarlo y dejarlo atrás.

La confianza es un estado psicológico, que debemos entrenar para poder avanzar. Porque confiar en la vida es quizás la mejor manera de sentirla, abrirnos a vivirla con pasión por estar vivos y dar todo lo mejor que llevamos dentro, para no dejar de aportar nuestra música a la orquesta vital que entre todos formamos, con objeto de que la melodía resulte de la interacción de sonidos armoniosos que juntos podamos aprender a sintonizar y orquestar para que la experiencia de esta vida sea la mejor que seamos capaces de proporcionarnos.

Y el primer paso es creerlo: ¿crees que tu vida puede ser maravillosa? ¿cómo cambiaría tu vida si así lo creyeras?

Entonces, ¿qué vas a hacer hoy para que esto ocurra? ¿estás dispuesto a CONFIAR en que suceda, aun cuando tienes incertidumbre? Entonces es que has entendido el mensaje de este escrito. Si no, vuelve a leer el artículo: no necesitas el miedo para vivir la incertidumbre, pero sí necesitas la confianza y amor por la vida para vivirla en paz y disfrutarla como TE MERECES.
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Autores:
  1. Dra. Laura Mallada Rivero:
    • Doctora por la Universidad de Oviedo.
    • Especialista en Ciencias de la Salud (Enfermería del Trabajo) en Servicio de Prevención de Riesgos Laborales de la Universidad de Oviedo.
    • Master Oficial en Investigación en Medicina.
    • Master en Prevención de Riesgos Laborales
    • Dirección y Docencia en diversos cursos en la Universidad de Oviedo (dirigidos a PDI, PAS y alumnos).
    • Premios internacionales y nacionales en trabajos de investigación, entre ellos Premio Nacional de Enfermería en Desarrollo 2019 (FUDEN).Dr. David Calvo Temprano (Director EEL Asturias, Coach & Practitioner PNL, Profesor Universidad de Oviedo, Radiólogo HUCA).
  2. Dr. David Calvo Temprano (Director EEL Asturias, Coach & Practitioner PNL, Master en Dirección y Gestión Clínica por la ENS-ISCIII, Profesor Universidad de Oviedo, Radiólogo HUCA).

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