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MEDITACIÓN TONGLEN I: LA LÓGICA DE LA COMPASIÓN
Te beneficia a ti tanto como a la persona que sufre.

Fecha: 09/03/2020

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LA MEDITACIÓN: EL MÉTODO PARA CONECTAR CON TU VERDADERO SER.
La meditación es un método para conectar con tu verdadero ser, y pretende que te desidentifiques de lo que crees ser, que no es más que una idea errónea sobre ti mismo. Para ello, pretende concentrar tu atención para hacerte consciente de todo lo que no eres tú: tu cuerpo, tus pensamientos, tus emociones.
 
En la Meditación TONGLEN o de la Compasión se busca hacerte consciente de esta emoción en ti (la compasión) y “enviarla” a un ser que consideras que está sufriendo.
 
TONGLEN es un término tibetano que significa literalmente "dar y recibir”. Esta técnica aprovecha la perspectiva dual desde la que actúa la mente automáticamente, para generar un efecto liberador y transformador en el que la practica. La tendencia egoica habitual es apegarnos a lo positivo (por ejemplo, placeres) y rechazar lo negativo (por ejemplo, dolores). A partir de esta tendencia automática se desarrolla nuestra forma de percibir y vivir. Es el desencadenante de la forma de ser (según lo percibimos).
 

Dado que lo que nos gusta o disgusta no es una decisión nuestra del presente podemos concluir que nuestra mente del hoy es sencillamente el resultado de nuestro pasado. Sin el entrenamiento correcto no seremos capaces de cambiarnos para llegar a ser lo que queremos.
 
Cada meditación tiene un objetivo concreto en este camino hacia el despertar de nuestra versión más inteligente y actualizada de nosotros mismos. Los meditadores consideran que la mente es la creadora de la realidad que cada uno vive, y por eso dedican tanta energía a limpiarla de lo no-beneficioso y entrenarla en lo más inteligente.

INSPIRAR AMOR ES RECIBIRLO TAMBIÉN:
Desde la experiencia meditadora, uno puede comprobar que las emociones que sentimos no son las de los demás, sino las propias, privativas de “cada uno”. El AMOR que disfrutamos es únicamente el que somos capaces de generar. Y lo mismo ocurre con la compasión, con la alegría, con la generosidad, etc. Seguro que has tenido la vivencia de estar delante de alguien que expresa su amor y tú no sentirlo para nada, es decir, no sintonizar con la misma emoción de esa persona en ese momento. Más que transmitir amor, lo que hacemos es inspirarlo en el otro.
 
Nuestro amor puede hacer despertar el afecto y bienestar en el otro, pero, si no lo conseguimos, quien lo disfrutará siempre será uno mismo, al menos mientras lo esté intentando transmitir. En este contexto vemos que DAR ES IGUAL A RECIBIR, pues el que da, también lo recibe, al transmitir su amor, lo hace consciente en sí mismo y, de hecho, lo siente.
 
TONGLEN utiliza este conocimiento para transformar nuestra relación con el mundo y con nosotros mismos. Desarrollar el amor incondicional requiere de tenerlo como objetivo personal, de lo contrario nuestro mundo interior acabará utilizando las reacciones automáticas que estructuran la forma de vivir.
 
Las personas que amamos nos hacen aparentemente “vulnerables”, generamos unos vínculos con ellos que nos modifican instantáneamente. Sin embargo, cuando no tenemos lazos afectivos con los demás, lo que les ocurre sencillamente no nos toca, no nos afecta, no nos genera emoción alguna a priori. Así vemos que algo tiene que llamar nuestra atención con la intensidad suficiente como para que nos “conectemos” con ello. La idea en este razonamiento es que las emociones juegan un rol fundamental en ese proceso de modificación constante en el que nos encontramos, y que acaba formando la personalidad y el carácter (=forma habitual de comportarse, siempre susceptible de cambiar, ya que no forma parte del verdadero SER).

COMPASIÓN INCONDICIONAL: LLAVE PARA LA AYUDA AJENA Y FELICIDAD PROPIA.
Los buscadores de la felicidad de la antigüedad han gestionado esta relación de diversas formas: a) unos han entendido que las emociones eran la malas de la película y sencillamente las han intentado suprimir; b) otros han promocionado unas cuantas (las buenas) sobre otras (las malas); y por último, c) otros las ven como algo inevitable e inherente al ser humano. La visión de la gestión emocional dependerá de la visión que se tenga de la vida y, por ende, de la felicidad y de la muerte.
 
Tonglen se puede practicar desde diferentes perspectivas, y eso es algo que cada uno tiene que reconocer cuanto antes, para mejorar así sus estrategias de mejora personal continua. La visión de la vida es muy personal. Y las visiones de los demás nos pueden inspirar a encontrar la nuestra. Pero solo eso, porque siempre será una decisión inexorablemente personal.
 
Cuando estamos en actitud amorosa sentimos positividad, nuestro ser está luminoso, y ese estado ayuda a que la consciencia pueda manifestar su luminosidad ilimitadamente. Pero, al mismo tiempo, aumenta la vulnerabilidad, nos volvemos más líquidos, más volubles, y eso no siempre es beneficioso. Por ejemplo, cuando la persona que amamos sufre, eso rompe nuestro proceso luminoso por simpatía (=sentir lo mismo que el otro; a diferencia de la empatía, que no necesitas sentir lo mismo, pero sí comprendes cómo se siente y a qué forma de percibir su vida se debe).
 
De hecho, en nuestra cultura, la idea de amar está erróneamente muy asociada a sufrir, es casi obligatorio sufrir para “mostrar el amor” que uno siente por alguien (por ejemplo, sufrir por la muerte de un ser querido; casi casi como si fuera obligatorio para expresar un “verdadero” amor por el cuerpo que perece). Por una parte, podríamos decir que se parece algo, pero los meditadores del pasado han encontrado fórmulas inteligentes para mantener esa luminosidad delante de los seres amados, independientemente de lo que ocurra, de forma incondicional, como veremos. A la capacidad de mantener tu luminosidad intacta ante un ser sufriente se le conoce como “COMPASIÓN”: el deseo amoroso de que quien sufre deje de hacerlo.
 
Mantener la compasión es la forma más elevada de ayudar a un ser sufriente, ya que con la suficiente destreza puede inspirar al sufriente a activar su propia luminosidad (que sigue teniendo dentro, aún cuando no la perciba en ese momento); y así salir del bloqueo emocional que le genere su sufrimiento. Seguramente es lo que todos intentamos en algunas situaciones con los amigos o familiares: esas situaciones en las que nos pide presencia sin juicio para poder compartir sus pensamientos, sensaciones y emociones con alguien.  
 
Amamos cuando deseamos la felicidad de ese ser, más allá de que deje de sufrir solamente, y cuanto menos condiciones le ponemos a esa felicidad, más puro es nuestro amor. El más puro sería pues el INCONDICIONAL (literalmente: ¡sin condición alguna para sentirlo!). La COMPASIÓN se manifiesta cuando deseamos que ese ser deje de sufrir, y cuanto más luminoso sea nuestro deseo de que salga de ese estado, más compasión estaremos manifestando. La compasión más elevada es así también INCONDICIONAL: la que no necesita de argumentaciones, ni merecimientos (que siempre provienen de condiciones impuestas por nuestro ego).
 

EL APEGO: UN FALSO AMOR MAL COMPRENDIDO.
En este punto es importante resaltar el hecho de que nuestras tendencias automáticas fácilmente acabarán generando emociones sucedáneas y que nos pueden engañar a la mínima que nos despistemos. Por eso es tan importante el mantener la atención y consciencia en todo momento. En el “amor” según entiende nuestro ego, la emoción con cierto parecido pero experiencia radicalmente diferente es el APEGO.
 
Mientras que el amor desea la felicidad del otro, el apego necesita al otro para ser feliz él. Y por lo tanto parte de la base de que ¡no podemos ser felices sin el ser al que nos apegamos!: nos resulta, falsamente, necesario en nuestro existir (aún recordando haber sido felices ANTES de conocerlo. Piensa si no, en tu último “enamoramiento”).

LA LÁSTIMA O PENA: LA VERSIÓN “HUMILLANTE” DE LA COMPASIÓN.
¿Y la compasión?  Para el ego, su emoción aflictiva más cercana sería la lástima o pena. Para la compasión lo importante es que se deje de sufrir, para la lástima es sufrir uno por el otro. Además la compasión se dice que se trata de un mismo “nivel”, mientras en la pena o lástima, el que siente pena se siente secretamente superior y alejado del sufriente, y muestra así un miedo a “caer” en la misma situación lastimosa. La compasión siente amor en un plano de igualdad.
 
Así que amor y compasión se retroalimentan para permitir al meditador mantenerse en un estado positivo, luminoso, inspirador y transformador de su entorno y de él mismo. Sin amor y compasión no habrá sabiduría ilimitada. Esa es la idea que comparte el budismo para todos los buscadores de la felicidad última.
 
LA COMPASIÓN VERDADERA ES ACTIVA:
Otro aspecto clave de la compasión es su necesidad de ACCIÓN, es decir, no se trata solo de desear que el otro esté mejor -cuando sufre-, sino que hacemos realmente lo que esté en nuestra mano para lograrlo.
 
El arquetipo de la compasión es conocido en el budismo tibetano como Avalokiteshvara o Buda de la Compasión, a quien se le representa con una figura con un millar de ojos, un millar de brazos y once cabezas, para poder ver (ojos) todo sufrimiento de los seres, y paliar con sus acciones (manos) todo sufrimiento que ve, desde la activa compasión que se despierta en su corazón.
 
 
LA LÓGICA DE LA COMPASIÓN.
Uno de los aspectos más hermosos de la compasión es SU “LÓGICA” INTERNA.
 
Solemos pensar que la compasión es un regalo caritativo hacia un ser que está ahí, separado de nosotros, y que este regalo poco nos hace hacia nosotros mismos, más allá de hacernos sentir “buenas personas”. Mas, su sentido profundo nada tiene que ver con esta visión superficial de una emoción tan poderosa, que para el budismo forma parte de los CUATRO INCONMENSURABLES:
  1. BONDAD AMOROSA: desear el bien ajeno.
  2. COMPASIÓN: desear que deje de sufrir el otro.
  3. ALEGRÍA DE SER: agradecer tu existencia.
  4. ECUANIMIDAD: la percepción sin juicios de todo, donde sólo ves inocencia y no juzgas a los demás.
Para el budismo, una de las causas principales de nuestro sufrimiento en la vida de este mundo es EL APEGO a nuestras cosas, nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestras “personas”; por el hecho de considerarlas precisamente “nuestras”. De tal manera, que se crea una falsa idea de un yo inherente que ante todo y sobre todo desea poseer, tener razón, y ansía más y más de todo: cosas, aprendizajes, personas, experiencias, emociones, etc. Cada vez que limpiamos nuestra mente, estamos minimizando ese pequeño mini-yo (EGO, en jerga espiritual), y permitimos recuperar un poco más nuestra conciencia de la luminosidad que verdaderamente somos (seres de luz espirituales). De tal forma que la causa de nuestro sufrimiento sería nuestro apego a ese mini-yo o ego (primera noble verdad budista).
 
Todo ser libra una batalla interior con su propio mini-yo mental, ese ego que cree ser y que nunca le deja satisfecho (por más que se alcance lo que nos impele a conseguir cosas en nuestra vida). Practicar la compasión nos permite liberarnos progresivamente de él, y sentirnos unidos al prójimo, y lograr flanquear la “brecha” aparente que percibimos entre nosotros y los seres que nos rodean (personas de tu “mundo”).
 
Cada vez que sentimos compasión por una persona, de alguna forma nos sentimos unidos a ella, pero no necesitamos sufrir con ella, sino solo COMPRENDER su sufrimiento, y -sin apegarnos a él- intentar acompañarle para que salga de él, a través de nuestra compasión como guía.
 
Por lo tanto, LA LÓGICA DE LA COMPASIÓN es que, más allá de la ayuda al otro, por expresión del deseo bondadoso de querer que desaparezca su sufrimiento (o la creencia en él), beneficia de por sí al que expresa esa compasión, pues le permite abrir su corazón y limpiar “lo negativo” que cree su mini-yo que tiene aún, des-identificándose un poco más con él, y allanar el camino para el despertar espiritual a lo que eres verdaderamente: un ser completo, inocente y amoroso que solo puede ver todo este mundo desde la neutralidad sin juicios, y alcanzar la PAZ.
 
 
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Autores:
  1. Lama Ngawang Dorje Dondrub (Presidente de Sangha Activa; Meditador experto desde hace 35 años)
  2. Dr. David Calvo Temprano (Director EEL Asturias; Health Coach).

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