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EL PLACER Y LA RECOMPENSA: SU CIRCUITO CEREBRAL E IMPLICACIONES
Nos movemos hacia el placer y logro de recompensas no esperadas y evitamos el dolor

Fecha: 23/04/2021

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NOS MUEVE LA RECOMPENSA Y EL PLACER:
En la vida nos sentimos continuamente movidos por todo aquello que nos hace sentirnos bien, que nos resulta agradable y placentero que, por lo tanto, deseamos conseguir o tener; al tiempo que nos alejamos de todo lo desagradable, de aquello que nos produce sufrimiento o no nos resulta útil para conseguir lo que deseamos. De forma general tendemos a repetir todas las conductas o acciones que nos producen PLACER y a no repetir las conductas o acciones que nos producen DOLOR. Al menos esta es la teoría, si bien, no siempre se cumple.

Por ejemplo, podemos desear repetir las conductas que favorecen o aseguran nuestra supervivencia o las de nuestra especie, tales como el sexo, llevar a cabo hábitos saludables como el ejercicio, una dieta equilibrada o leer este texto para conocernos mejor y aprender a ser más felices en nuestra vida.
 
El sistema de recompensa o del placer es un circuito cerebral bastante conocido hoy en día, en el que diferentes estructuras y núcleos cerebrales están implicados. Estos núcleos se distribuyen por la profundidad del cerebro entre los lóbulos frontales y temporales e implican también otras estructuras del tronco del encéfalo (TE), así como el hipotálamo, el hipocampo y la amígdala cerebral.
 

 
Históricamente, este circuito cerebral fue descubierto por James Olds y Peter Milner por accidente (como tantos en Medicina) en 1954. Estaban estudiando el ciclo de sueño-vigilia y por error pusieron los electrodos en una zona del cerebro llamada septum, que pertenece al estriado ventral y se localiza en la región profunda de los lóbulos temporales (un septum en cada hemisferio). Hoy en día se sabe que pertenece también al sistema de recompensa o del placer.

En este descubrimiento accidental comprobaron cómo las ratas de laboratorio preferían su estimulación (del septum) a estímulos neutros, pero también incluso era preferido a estímulos tan poderosos como la propia comida: las ratas preferían verse estimuladas en su cerebro por ese electrodo (que llegaban a estimular ellas propiamente a través de una palanca) antes que comer. De hecho, ¡¡llegaban a morir de hambre con tal de seguir estimulándose (hasta 7000 veces)!! Un placer que las llevaba a la muerte, por encima de comer, beber o aparearse.

Estos hallazgos han sido reproducidos también en monos, e incluso en humanos (1972, Robert Galbraith Heath: estudios sobre la atracción sexual), confirmándose que es una zona que al ser estimulada se provoca el deseo de repetir esta estimulación en busca de la sensación de placer, aspecto clave tanto en las decisiones de la vida, como en el aprendizaje y los comportamientos habituales funcionales (alimentarse y procreación) como disfuncionales (adicción a drogas).
 

 
MUCHAS VARIABLES Y UNA CONCLUSIÓN: LA MOTIVACIÓN NOS MUEVE A LA ACCIÓN.
La motivación es un proceso mental que nos lleva a emprender acciones para lograr un objetivo, lo que nos reporta algún grado de placer o confort y nos ayuda a superar las dificultades que puedan interponerse en su realización. Así, cuanto más motivados estamos para lograr algo, más resistentes somos a las dificultades que surjan y más energía, tiempo y esfuerzo le ponemos a su adquisición, pudiendo ser un logro material y extrínseco (conseguir alcanzar trepando un fruto delicioso de un árbol) o inmaterial, psicológico e intrínseco (conseguir acabar la licenciatura o grado). A este logro lo llamamos recompensa, y generalmente se considera que “ha de compensar” el esfuerzo puesto en su obtención. Pero ¿es siempre así?

En el ámbito laboral existe una vivencia de placer y sufrimiento que está unido directamente con la consecución del reconocimiento. Esta es la verdadera “retribución” o recompensa esperada por el empleado por su aportación a la organización. La autorrealización en el trabajo, conseguir metas, sentirse valorado, útil, superar desafíos, compartir conocimiento, cumplir las expectativas, llevará a un alto grado de placer y, al contrario, la falta de motivación generará un importante nivel de sufrimiento y frustración.

Conseguir lograr recompensas en la vida es una forma habitual en la que nos sentimos satisfechos, o al menos, es a lo que se nos ha enseñado: a plantearnos y planearnos metas que luego consigamos con el fin último de ser felices con ello.

Desde que Abraham Maslow hablase ya en 1943 de las “necesidades humanas” en su famosa pirámide, sabemos que son muchos los diferentes aspectos que nos importan en la vida, y que en algún grado se pueden considerar priorizados algunos (comer y sobrevivir: seguridad y necesidades básicas para la existencia corporal) sobre otros (afectividad y sensación de pertenencia al grupo), aunque esto no siempre se da de esta forma, y puede preferirse incluso la lucha por unos valores frente a la necesidad de alimentarse (por ejemplo, en una huelga de hambre real).

Cuanto mayor sea la percepción de necesidad por parte de la persona, más motivación será generada en su mente y más se activará el circuito de recompensa y placer para iniciar la conducta motivada que lleve a su logro (=conducta que se inicia motivada para la obtención de un objetivo).
Robert Dilts, uno de los grandes de la Programación NeuroLingüística (PNL), nos dice que una conducta es más probable o motivada si:
  1. El sujeto se siente merecedor y responsable del resultado.
  2. Si el sujeto se siente capaz de desarrollar el comportamiento para lograrlo.
  3. El comportamiento se considera apropiado y ecológico para el entorno.
  4. El itinerario desde el comportamiento hasta el resultado es posible.
  5. El resultado es deseable para el sujeto.
 

EL SISTEMA DE RECOMPENSA: NÚCLEO ACCUMBENS O CENTRO DEL PLACER.
Dentro de los múltiples núcleos que pertenecen a este circuito, podemos destacar varios: el núcleo accumbens o centro del placer, el área tegmental ventral (ATV), núcleo pálido, la sustancia nigra, el hipotálamo, el hipocampo y la amígdala.

A. NÚCLEO ACCUMBENS O CENTRO DEL PLACER:
Pertenece al estriado ventral, y se localiza en la región profunda y anterior de los lóbulos temporales, cerca de las amígdalas cerebrales (un accumbens en cada hemisferio).

Se le considera el centro del circuito de forma que, cuando es estimulado por la liberación del neurotransmisor (NT) dopamina (DA) desde el ATV, se produce una sensación placentera que facilita que se busque repetir las acciones que motivaron ese resultado (estímulo placentero).

A su vez, el núcleo accumbens producirá la liberación del NT GABA -inhibidor por excelencia- para no seguir perpetuando la estimulación de manera permanente, y así cerrando el circuito a través de la intermediación del núcleo pálido. [GABA significa en inglés Ácido Gamma-Amino-Butírico]

En resumen, cuanto más DA en el centro del placer, mayor sensación de recompensa placentera tiene el sujeto (más se estimula su búsqueda, realmente) y por tanto, más quiere repetirlo. Para no entrar “en bucle”, es el propio núcleo accumbens el que inhibe el sistema a través del GABA (gracias al núcleo pálido).

 
B. ÁREA TEGMENTAL VENTRAL (ATV):
Se localiza en el mesencéfalo, es decir, la parte alta del TE, y es el responsable de la liberación de DA en el centro del placer, a su vez inhibido (con GABA) por el núcleo pálido.

Si consideramos que en una conducta motivada hay dos facetas clave, la iniciación y la dirección de ella, el ATV se ocuparía de dirigir la conducta motivada mientras su inicio correría a cargo del hipotálamo (en concreto núcleos de su región lateral). Es decir, sería esta ATV la que se ocuparía de dirigirnos hacia los objetivos propuestos, cambiando las acciones en función de las recompensas potenciales de nuestro entorno.

Si se activa el hipotálamo (lateral) se lograría, por su parte, aumentar la energía para la consecución del inicio de acciones (comportamiento) para lograr nuestros objetivos, que luego serían moldeadas por el ATV.

C. NÚCLEO PÁLIDO (ventral):
Se llama así porque sus fibras están muy mielinizadas (la mielina confiere un color blanquecino a los axones), se localiza en la región más medial y profunda de los lóbulos frontales, y pertenece a los ganglios de la base (junto al núcleo caudado y el putamen).

Su papel principal es mediar entre el núcleo accumbens y el ATV, utilizando el GABA tanto en su relación con uno como con el otro, de forma que cuando se activa (por liberar su inhibición a su vez) acaba desactivando o inhibiendo la liberación de DA por el ATV. Esto es algo así como si un corredor (el ATV) se viera sujetado por la camiseta por otro corredor (el núcleo pálido), que a su vez fuera impedido a correr por un tercer corredor (el núcleo accumbens). Si el tercer corredor (accumbens) dejara de sujetar la camiseta del segundo corredor (pálido), se liberaría de tener que sujetar al otro y saldría el ATV corriendo (=liberando DA), pues todo “corredor” tiene tendencia a activarse para el running.

De hecho, es conocido experimentalmente que un animal normal tiene el 50% de sus neuronas DA inhibidas por el GABA de forma habitual. De forma que cuando son liberadas (porque el GABA ya no las inhiba), podrán liberar DA y producirse la sensación placentera o su búsqueda en el centro del placer (accumbens). Este estímulo se considera basal, es decir, lo “habitual”, y es un estímulo llamado tónico (pues mantiene el “tono” del NT); de forma que se llama estímulo fásico aquél en el que se produce una estimulación y liberación puntual y por tanto placentera por liberación en ese momento de DA (en el accumbens).

D. OTROS:
La sustancia negra o nigra son sendos núcleos localizados en el mesencéfalo (TE alto) y muy relacionados con la enfermedad de Parkinson (deja de liberar DA, NT implicado en el sistema de recompensa y también en los movimientos involuntarios alterados en el Parkinson). En la esquizofrenia el tono general de DA en el cerebro está elevado, por el contrario.

El hipocampo y su papel con la memoria resulta clave para recordar qué estímulos han sido placenteros y cuáles desagradables, por lo que tiene relaciones con el accumbens, en este caso por medio de un NT llamado glutamato.

También es el glutamato el NT implicado en la activación del accumbens en su relación tanto con el lóbulo prefrontal (decisiones cognitivas con base emocional y/o emocional) como con la amígdala (decisiones inmediatas emocionales, en escenarios de supervivencia, y atribución emocional a estímulos entrantes del exterior).

LAS NEURONAS DEL PLACER (DOPAMINÉRGICAS):
La DA es el NT más relacionado con la recompensa y el placer, de forma que se considera que la elevación de este NT ante un estímulo genera la percepción de placer o recompensa, lo que va a condicionar una conducta que tenderemos a repetirla: iniciada por el hipotálamos lateral, como hemos dicho, y reconducida por el ATV, a través de la liberación de DA al núcleo accumbens, centro del circuito y cierre del sistema (al inhibir la liberación de más DA y evitar así la autoperpetuación del proceso).

La liberación de DA (en el accumbens) puede ser de dos tipos:
  1. Tónico o basal: de bajo grado, mantenido en el tiempo (estado tónico de activación dopaminérgico), ya que está modulado por la inhibición del núcleo pálido ventral que impide mayor cantidad de DA al frenarlo por medio del GABA.
  2. Fásico o puntual: en picos de elevación momentánea de DA (liberación fásica dopaminérgica), de alta concentración, por estímulos placenteros, cuando se produce una activación corta en el tiempo. La DA en las sinapsis neuronales se reduce rápidamente, dado que es “recaptado” al interior de las neuronas.
La proporción de neuronas en liberación tónica o fásica está altamente relacionada con nuestra capacidad de aprendizaje o de motivación ante estímulos determinados, dado que solo la elevación fásica produce la experiencia que favorece la repetición de la conducta motivada.

La inhibición por el GABA de una mayor liberación de DA en el accumbens se modula a su vez por el hipocampo (relacionado con la memoria), de forma que, cuando el hipocampo decide que el nuevo estímulo debe activar el circuito, se produce la liberación fásica de DA, es decir, la elevación del nivel global y puntual de DA y, con ello, la sensación placentera en el núcleo accumbens (un pico de DA: un “chute” dopaminérgico).

Múltiples estudios científicos han logrado demostrar que la liberación de DA aumenta ante, por ejemplo, una experiencia afectiva positiva y estimulante, drogas como el alcohol y la cocaína, o la experiencia de apostar en el juego o jugar a videojuegos. Esta liberación se ve afectada por el bloqueo de fármacos que neutralizan los receptores cerebrales de la DA (bloqueantes dopaminérgicos).

Por otra parte, hemos visto cómo es el glutamato el que activa al accumbens desde otras regiones del cerebro, a saber: lóbulo prefrontal, amígdala y el hipocampo; y el GABA el que se implica como NT en la inhibición y por tanto, regulación y modulación del sistema, gracias a la intermediación del núcleo pálido ventral.

EL ESTÍMULO HA DE SER INESPERADO: SI ME HABITÚO, NO ME MOTIVA.
Un hecho muy relevante y conocido en la experiencia diaria es que nos dejan de motivar los estímulos pasados cuando ya no suponen un plus de satisfacción, cuando ya nos lo esperamos.

Lo que sucede es que, si ya cuento con el resultado de un estímulo (recibir la paga cuando he desarrollado un trabajo), aún cuando me hubiera sido muy placentero en el pasado (la primera paga), deja de ser motivador a partir de un número de repeticiones (años trabajando en el mismo sitio), e incluso acaba solo por suponer un inconveniente en el caso de no darse “lo esperado” y exigido a la realidad (“mi” paga).

A su vez, en este mismo ámbito laboral, una de las principales causas de falta de motivación en el trabajo es la monotonía y los trabajos repetitivos, siendo incluso uno de los factores de riesgo laborales ya que la desmotivación está estrechamente unida a la falta de concentración.

Traducido en lenguaje neurológico lo que sucede es lo siguiente:
  1. cuando el estímulo se hace habitual en mi entorno es un estímulo “previsto” y esperado,
  2. el accumbens no se estimula ya por DA porque el ATV no lo libera ante ese estímulo, ya que
  3. el hipocampo (que regula la memoria) nos informa de que eso ya forma parte de “nuestra realidad” y no supone nada nuevo, nada inesperado, y, por tanto,
  4. nada nuevo, excitante e interesante supone para nuestra existencia: la experiencia de placer se pierde. “Necesitamos buscar otra cosa” para producir el mismo resultado de liberación de DA en el centro del placer
Como sabemos, la expectativa (lo nuevo, lo inesperado) influye en nuestra vivencia de placer o no. Así, cuando me saluda una persona por primera vez nos puede suponer una satisfacción, pero cuando se hace habitual, si no tomamos plenamente consciencia de que eso nos alegra (lóbulo prefrontal y cingulado anterior) sucederá antes o después que nos acostumbraremos a ello, y no sólo no supondrá un placer o recompensa (de la vida), sino que solo nos sirve como una exigencia a la vida misma: ¡nos debe saludar, o entro en resentimiento!

QUÉ INFLUYE EN EL PLACER: LOS FACTORES A TENER EN CUENTA.
Algunos factores han de ser tenidos en cuenta a la hora de producirse o no una recompensa o sensación placentera ante un determinado estímulo. Además del hecho ya comentado de que debe ser INESPERADO en algún grado, es decir, que no lo demos por supuesto (habitual), todos sabemos que ciertos aspectos lo cambian todo.

Entre otros, se consideran claves: la magnitud y probabilidad de la recompensa, el retraso en el logro del resultado deseado, el esfuerzo que se haya puesto para alcanzarlo y la expectativa de cómo ha de ser el resultado.

Se ha demostrado que la activación del circuito de recompensa es mayor cuando:
  1. La magnitud o intensidad del resultado es mayor. En concreto, se sabe que es a través de una mayor y más potente activación del propio núcleo accumbens.
  2. La probabilidad percibida de que se produzca es mayor.
  3. El retraso entre la conducta motivada y la obtención del resultado deseado es menor: se prefieren resultados inmediatos y se pierde motivación cuando debemos esperar un tiempo (“más vale pájaro en mano, que ciento volando” dice el aforismo popular). En este caso el mecanismo neurológico se fundamenta en una menor activación del lóbulo prefrontal (el que toma decisiones conscientes) ante retrasos en la recompensa.
  4. El esfuerzo que se haya puesto es menor. Parece ser que el mecanismo responsable es la activación del putamen, también perteneciente a los ganglios de base (como el núcleo pálido): cuanto más esfuerzo es requerido, menor activación del putamen, y por tanto menor motivación global.
  5. La expectativa influye de forma relevante de forma que, cuando el resultado obtenido no cubre las expectativas deseadas y esperadas para el esfuerzo que hemos realizado, no se libera DA, porque no ha sido suficiente como para repetir la conducta motivada. Se produce lo que se llama en computación “error en la predicción de respuesta”, es decir, no se ajusta lo esperado (la predicción) con la respuesta fáctica obtenida (la respuesta o recompensa). Parece ser que las neuronas DA calculan el error en esta predicción y la modulan gracias a la inhibición por GABA:
    • Cuando la recompensa es mayor, la respuesta fásica de DA es mayor.
    • Cuando la respuesta es esperada, el GABA inhibe al ATV (y no se libera DA al accumbens).
    • Es el diferencial entre lo esperado y lo obtenido lo que más activa la liberación de DA y, por ende, lo que más placer produce.
Teniendo en cuenta estos factores, la mejor manera de aumentar la percepción de placer ante una experiencia es facilitar que la experiencia placentera no sea esperada y que esta sea intensa, inmediata y que no suponga esfuerzo por parte de quien lo recibe, además de percibirse como completamente segura de ser lograda.

Sin duda, no todos los factores son tenidos aquí en cuenta, pues, en muchas ocasiones, todos sabemos que el grado de dificultad en lograr algo influye POSITIVAMENTE en su satisfacción (lo que nos cuesta, muchas veces, también es lo que más valoramos).

Cuando un estímulo es desagradable para nosotros el sistema GABAérgico se activa y con ello se inhibe completamente la sensación de placer o recompensa, recordándose en el hipocampo que esa conducta o acción nos lleva a obtener un resultado que no deseamos que se repita.

LA BÚSQUEDA DEL MÁS Y MÁS EGOICO Y SU BASE NEUROBIOLÓGICA:
Desde el descubrimiento del sistema del placer, se había pensado y presupuesto que lo que verdaderamente lo activaba era la propia experiencia placentera, la sensación de satisfacción del logro de un objetivo o ante un estímulo gratificante.

Sin embargo, hay autores que piensan que esto no es exactamente así: el sistema dopaminérgico sería algo así como el motor que lleva a los comportamientos que conseguirían esas recompensas y no tanto la búsqueda hedónica de la experiencia del placer.

Es decir, lo que se activa con la elevación de DA en el sistema es la BÚSQUEDA DEL MÁS Y MÁS, y no el disfrute de la satisfacción por el logro o la recompensa obtenida. De hecho, se sabe científicamente que, cuando existe una lesión en las sinapsis de DA del núcleo accumbens, las ratas siguen experimentando placer; y los ratones siguen prefiriendo agua con sacarosa (en vez de agua sin más), incluso aunque la DA esté en niveles muy bajos (depleción de DA); o mantienen la preferencia por la morfina, por ejemplo.

Sin embargo, sí se ve afectada la búsqueda de estímulos gratificantes si existen lesiones que alteran el funcionamiento del centro del placer: confirmando así que el accumbens estimulado con DA participa más en la motivación para la búsqueda de estímulos gratificantes, y no en la experimentación de placer propiamente dicho. Podríamos así llamar mejor al núcleo accumbens el centro del “más y más” (basado, pues, en la DA), y no tanto el centro del placer (basados más en las endorfinas, opioides endógenos del placer y la felicidad).

LA RECOMPENSA EN EL APRENDIZAJE: RECORDAMOS MEJOR LO QUE NOS GUSTA (PREMIO O RECOMPENSA) O LO QUE NOS DESAGRADA (CASTIGO).
La recompensa es necesaria y una fuerte motivación para memorizar aspectos que son etiquetados como relevantes por la carga emocional de la amígdala cerebral al almacenarlo en nuestra memoria gracias al hipocampo, lo que favorece tanto su memorización como su atribución emocional y la capacidad de aprenderlo (recompensa que facilita repetir la conducta de aprender y el esfuerzo que supone).

Esta es la base del aprendizaje basado en incentivos que facilitan la memorización, tanto en la memoria explícita o declarativa como la implícita o no declarativa (por ejemplo, la procedimental: memoria del cuerpo en cómo hacer algo, como una coreografía).

Una experiencia sensitiva que no genere recompensa o su contrario, un castigo, con alta probabilidad no se va a recordar, lo que impedirá que se favorezca la memoria para repetir esa acción (o su inhibición, en el caso de recibir un “castigo” por ella). El sujeto se habituaría al estímulo y con ello lo ignoraría, pues le resulta irrelevante.

Sin embargo, cuando la experiencia sensitiva sí conlleva una recompensa o castigo se va a grabar emocionalmente este estímulo y, o bien se buscará generarlo de nuevo (repetición cada vez más intensa de un estímulo gratificante: recompensa) o impedirlo activamente (evitar la repetición memorizada de un estímulo no gratificante: castigo).

Los estímulos neutros no son recordados porque nos volvemos indiferentes a sus consecuencias, ya que ni nos aportan nada bueno, ni tenemos que recordar que nos produzcan nada malo: esto es lo que le ocurre al 99% de los estímulos diarios, resultando relevantes tan solo un 1% de la información entrante.

La memoria guía las conductas motivadas desde el hipocampo en la toma de decisiones por parte del lóbulo prefrontal (parte cognitiva más evolucionada, con componente tanto racional como emocional, y donde se produce la experimentación consciente de las emociones en forma de sentimientos).

Un recuerdo será más potente cuanto mayor haya sido la intensidad de recompensa y lo novedoso o no esperado de ello (disparo fásico de DA desde ATV que se proyecta hacia el hipocampo y el accumbens, ambos modulando la activación tónica del nivel basal de DA en el sistema por medio del GABA).

EN LA ADICCIÓN SE ALTERA EL SISTEMA DEL PLACER, GENERANDO DEPENDENCIA:
Es un hecho bien conocido y estudiado que en las adicciones a drogas (entre otras) se produce una hiperactivación del sistema de recompensa, por disregulación que genera un alto deseo de la experiencia gratificante.

Este deseo es inconsciente en el sujeto, por lo que es más fácilmente “esclavizado” por su activación, produciéndose la drogodependencia: el sujeto busca ya tan desesperadamente su recompensa en la droga que altera completamente su vida, y todo su comportamiento gira en torno a su adquisición (estado perseverante de búsqueda de droga).

Igualmente, todos aquellos hábitos o sustancias que liberan una alta carga de dopamina, se convierten en adictivos, o aquellas  situaciones sociales que activan este premio o recompensa (enamorarse, por ejemplo, lleva a una alta liberación de dopamina en la que se inhiben algunas regiones de nuestra corteza prefrontal, y se limita nuestra capacidad de razonar)
 
EN LA SALUD MENTAL SE ALTERA EL SISTEMA DE RECOMPENSA (DEPRESIÓN, BIPOLAR, ESQUIZOFRENIA):
Cuando el sistema del placer se ve alterado a la baja, disminuye la liberación de DA, con lo que también se produce una pérdida de motivación y cognición, y se asocia con frecuencia con emociones de tristeza y anhedonia (=falta de disfrute de estímulos placenteros para el mismo sujeto previamente).
Se produce una falta de conexión entre el lóbulo prefrontal y el núcleo accumbens (se reduce su estimulación), de forma que la interpretación cognitiva de un estímulo que previamente era placentera, ya no se interpreta igual, y, por ende, no se estimula el centro del placer con base cognitiva (prefrontal).
Está demostrado que las personas con depresión, que cursa con anhedonia, toman decisiones más conservadoras en experimentos con juegos, y son más lentos y rígidos a la hora de decidir, invirtiendo menos esfuerzo en el logro de sus propios objetivos.

El polo “contrario” de la depresión es el estado patológicamente eufórico, que normalmente cursa en ciclos con depresión-manía, y que se conoce hoy en día como trastorno bipolar (antiguamente, psicosis maníaco-depresiva). En la fase maníaca, el sujeto muestra una hipersensibilidad a la recompensa con un resultado de una alta motivación para su objetivo.

Por otra parte, la esquizofrenia cursa con un tono DA elevado, y un mal filtro de la información entrante, que desemboca en delirios y alucinaciones en el subtipo clásico. Se ven alteradas la motivación y la búsqueda de experiencias placenteras. Según la versión habitual existe una hipersecreción de DA ante estímulos irrelevantes (síntomas positivos -hiperactividad: alucinaciones y delirios), y una hiposecreción de DA ante estímulos placenteros (síntomas negativos -hipoactividad- de la enfermedad: anhedonia, apatía).

EN CONCLUSIÓN:
El sistema de recompensa o del placer incluye la interrelación de varios núcleos cerebrales en la profundidad de los lóbulos frontales y temporales (núcleo accumbens, núcleo pálido, hipotálamo, hipocampo) y el TE (ATV), y regula la repetición de conductas tendentes a la obtención de estímulos considerados placenteros en su interpretación cognitiva (lóbulo prefrontal) y así grabado en su memoria (hipocampo) con atribución emocional (amígdala).

No obstante, hoy en día se piensa que es más la búsqueda de más y más estímulos agradables -en vez de la sensación o experiencia placentera- lo que estimula y eleva la DA en el sistema, liberación que es inhibida y modulada por el GABA.

Un estímulo típicamente motivador es aquel que produce una intensidad placentera elevada con una alta probabilidad y sin demora, y que suponga una novedad para el sujeto, o al menos sea mejor la recompensa obtenida que la expectativa que se tenía de él. Un estímulo así producirá la liberación fásica (puntual y elevada) de DA, por encima de la regulación tónica regulada por parte del hipocampo y el núcleo pálido, cerrando el circuito al ser elevado el nivel de DA en el accumbens o centro del placer.

Conocer cómo funciona el sistema que nos mueve a la acción es conocer las fuentes de nuestras motivaciones, y facilitarnos más una adecuada gestión de nuestras decisiones, para hacerlas de forma más conscientes, más coherentes, y más eficientes, en lograr orquestar armónicamente lo racional con lo emocional y lograr así vivir mejor y más felices en nuestra vida.
 
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Autores:
  1. Dra. Laura Mallada Rivero:
    • Doctora en Medicina por la Universidad de Oviedo.
    • Especialista en Ciencias de la Salud (Enfermería del Trabajo) en Servicio de Prevención de Riesgos Laborales de la Universidad de Oviedo.
    • Master Oficial en Investigación en Medicina.
    • Master en Prevención de Riesgos Laborales
    • Dirección y Docencia en diversos cursos en la Universidad de Oviedo (dirigidos a PDI, PAS y alumnos).
    • Premios internacionales y nacionales en trabajos de investigación, entre ellos Premio Nacional de Enfermería en Desarrollo 2019 (FUDEN).Dr. David Calvo Temprano (Director EEL Asturias, Coach & Practitioner PNL, Profesor Universidad de Oviedo, Radiólogo HUCA).
  2. Dr. David Calvo Temprano (Director EEL Asturias, Coach & Practitioner PNL, Profesor Universidad de Oviedo, Radiólogo HUCA).


Imágenes de RM: Dr. Antonio Saiz Ayala.

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