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Qué es el COACHING

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EL COMPROMISO EN EL COACHING
"Dejar de sufrir" como pacto serio con uno mismo.

Fecha: 21/12/2020

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EL COMPROMISO: UN PACTO MUY SERIO CON UNO MISMO.
Para la RAE, la palabra compromiso se vincula con “obligación contraída” y “palabra dada”, según la cuál, cuando alguien se compromete, adquiere una OBLIGACIÓN de cumplir y respetar SU PALABRA. Además, el mantenimiento y observancia de lo prometido hablará de la integridad y responsabilidad de la persona con consecuencias sociales, pues, en sociedad, cuando de alguien se dice que “no tiene palabra” implica que no es una persona fiable, responsable ni previsible en su comportamiento futuro con las obligaciones contraídas.

Para mí, el compromiso es algo MUY SERIO. Significa tomar una decisión y comprometerme hasta el final, cueste lo que me cueste. A veces es duro. Cumplir lo contraído como una obligación previa puede resultar complicado porque no se nos pongan las cosas fáciles, pero mantenerse en el acuerdo convenido con uno mismo es lo que finalmente hace que, cuando te comprometes, lo cumples. Muchas veces, me gustaría abandonar, y seguir con mi vida tal como estaba, pero la sensación de pérdida de valía por incumplimiento de la obligación contraída es demasiado pesada para no tenerla en cuenta.

Mi compromiso es tal, que asumo responsabilidades que tal vez no debiera. En ocasiones, ayudar a personas cercanas que lo necesitan supone un importante desgaste emocional, perdiendo esa energía vital para seguir con la propia, y esto lo necesito balancear y poner en valor.
Pero también me recompensa emocionalmente. Porque es la mejor manera de sentir que lo que hago va en consonancia con quien deseo ser, con la persona que ofrece lo que tiene y comparte desde el amor lo que pueda aportar a los demás; sin miedo por perder nada, pues perdemos cuando no compartimos, y ganamos cuando vivimos con la sinergia del encuentro.
 

El COMPROMISO de RESPONSABILIZARTE de la ACCIÓN para el CAMBIO:
Todos hemos pasado cosas dolorosas en la vida. Todos arrastramos circunstancias de nuestro pasado con las que estamos en conflicto, por “seguir” pareciéndonos incomprensibles, duras e injustas. Y mi caso no es distinto.

Cuando fui consciente de que necesitaba ayuda, tuve la oportunidad de que fuera el Dr. David Calvo Temprano -a quien conocía por razones de trabajo- quien me acompañara en este proceso de coaching. Le expliqué que ya había buscado ayuda de otras formas, durante más de 20 años, pero que me habían proporcionado tan solo un alivio parcial y no acababa de desvincularme de mis “circunstancias” desde la aceptación, la superación y la comprensión.

Me explicó lo que era el coaching, lo que podía y lo que no podía hacer por mí, pero sobre todo lo que nunca haría: ni decirme qué me pasaba, ni decirme qué tendría que hacer. Eso -insistía- era cosa mía, era mi RESPONSABILIDAD.

Él, como coach, tan solo me acompañaría y me ayudaría a que yo, por mí misma, diera con “el diagnóstico” de mis asuntos y alcanzara el mejor “tratamiento” para ellos. Pues la labor de un coach no es ni juzgar ni dirigir; y sí, facilitar, acompañar y retar a la persona a la que ayudan, para que por sí mismas logren los objetivos alcanzables que se proponen obtener.

Tras una sesión informativa de todo esto, una profunda reflexión a solas sobre mi convencimiento y una adquisición del COMPROMISO necesario para iniciar el proceso, caminamos juntos lo que serían unos meses con varias sesiones periódicas hasta lograr mi objetivo de superar mi pasado y dejarlo atrás en paz.

AFRONTAR EL MIEDO DE RECONCILIARSE CON EL PASADO:
Durante el proceso, me acompaño mientras hablaba de mis emociones: mis tristezas, mis enfados, mis resentimientos, mis esperanzas, mis inseguridades. Cada una de ellas tenía mucho sentido para mí, lo llenaban todo. No era capaz de ver algo distinto en los hechos que me habían llevado a ello, y no veía salida, no encontraba el camino.
 
Fuimos ordenando las cosas. Fuimos limpiando poco a poco. Me dio las herramientas necesarias para afrontar mis miedos. Especialmente para el mayor de todos ellos: enfrentarme a mi pasado y analizar realmente lo que pasó hasta resolverlo. Lo había rumiado mucho tiempo y muchas veces en mi mente, pero no me había atrevido a llegar al fondo del asunto.
 
Cuando lo hice, todo fue mucho más sencillo. Todo lo que el miedo me presentaba como un muro infranqueable, se desvaneció cuando le miré a los ojos y le pregunté asertivamente lo que realmente quería saber. Vi que podía vivir con ello y lo había hecho hasta ese momento. Pero pasé de vivirlo en conflicto, a vivirlo en paz. Los hechos pasados no cambiaron, algunos se matizaron porque investigué al superar mi miedo, pero lo que cambió, como suelen decir siempre, fue que yo misma cambié: cambié mi forma de verlo, mi forma de percibirlo y por ende, mi forma de sentirlo. Podía seguir mi camino.

Mi miedo era tener que escuchar cosas que podrían hundirme más. Necesité tiempo para procesar, escucharme y comprenderme. Y necesité tiempo para actuar. Descubrí cómo había dilapidado mi energía, mi tiempo, y una parte importante de mi vida en cosas que no acababa resolver: parte de mi familia, a la que quería y sigo queriendo muchísimo, que los siento como una parte muy importante de mí, me había hecho mucho daño, y me era muy difícil seguir viviendo con ello así.

Dedicar tanta energía en ello había hecho que descuidara mis necesidades como persona y como mujer. Había “cuidado” mi conflicto con mi pasado, pero no me había cuidado de mí misma. Aprendí a quererme a mí misma, dejar de “querer” el sufrimiento y la rumiación del pasado. No quería seguir sufriendo. Y estaba comprometida con ello.
 
Hubo preguntas dolorosas, tanto en las sesiones como en casa. Hubo que buscar respuestas, mis respuestas. Hubo que ver el pasado, cuestionar el conflicto. Y no hubo que olvidar, solo que perdonar. Solo que desear aceptar que sí, había pasado, y que sí, había habido errores en el pasado, y no todos fueron de los demás. Deseaba reconciliarme con todo. Deseaba vivir en paz.
 
Ahora puedo hablar sin miedos. Puedo decir lo que siento, hablar sin sentir vergüenza. Puedo comprenderme y conectar con todo eso que pasé sin sentirme mal. Siento empatía por toda persona que sufre, porque sé lo que es; y sé que cuando estamos así, no nos damos cuenta de que sí podemos vivirlo de otra forma.
 
Es cierto que lo que nos hace sufrir nunca es la realidad, sino la forma en que percibimos esa realidad. Lo aseguro por mi experiencia: la mayor parte de los hechos no han cambiado, pero sí ha cambiado el cómo lo interpreto todo ahora.
 
Ya está. Pasó. Puedo seguir. Puedo estar tranquila. Ha cambiado completamente mi vida. Me siento libre, sin cargas, alegre, conectada, comprensiva y abierta a cuestionarme cuando algo no me gusta. No arreglé solo mi pasado, sino que tengo herramientas para todo mi futuro. Cada vez que me vea en una situación parecida, sabré lo que tengo que hacer.
 
EL CAMBIO ES EL COMPROMISO: la ACCIÓN de vivir EN PAZ y dejar la DROGA DE SUFRIR.
Hoy en día, echo la vista atrás y puedo asegurar que lo que verdaderamente lo cambió todo fue MI COMPROMISO. Estaba absolutamente segura de no querer seguir sufriendo ya, y quería comprometerme con la forma que me ayudara a dejar de hacerlo. Fue la mayor insistencia de mi coach: el COMPROMISO solo dependía de mí, el resto lo podemos ir ajustando. Si tenemos las herramientas y no las utilizamos, quizás sea porque aún no estamos tan convencidos, tan comprometidos y hacer lo posible para que dejar de sufrir. Cuando uno sufre, únicamente parece estar viviendo y retroalimentándose para su sufrimiento: es como una droga.
 
Comprometerse significa mucho. Significa que, si nos damos cuenta de algo que puede cambiar las cosas y qué debemos hacer para que se produzca la transformación que buscamos, lo realizamos y punto. Comprometerse es cumplir tu palabra de que de verdad vas a hacer lo que dices que harías si creyeras que te va a funcionar. ¿Y sabéis? Funciona.
 
Puede ser poco a poco o con algo muy impactante. Pero cuando ves que realmente vas consiguiendo cosas, que ves las cosas de forma que ya no te hacen sufrir, empiezas a limpiarte de las cargas del pasado y a ver el presente limpio de esa contaminación.
 
El compromiso es, en definitiva, el PASAR A LA ACCIÓN lo que acabas de descubrir que te puede ayudar. Y eso, solo lo puede hacer CADA UNO, si se compromete con su CAMBIO. Y si no, seguirá sufriendo en un bucle (aparentemente) interminable. ¿Cuándo dejará de sufrir? Cuando ya no pueda más. De ahí la extraña y paradójica frase: “El sufrimiento es NECESARIO hasta saber que ya no es necesario”. Dicho de otro modo, mientras no estés convencido y comprometido completamente con tu decisión de dejar de sufrir y hacer lo posible porque eso ocurra, seguirás como estás: sufriendo y sin hacer nada por cambiarlo, por MEJORAR TU VIDA.
 

No serás el guionista de qué ocurre en tu vida, pero de cómo afrontarlo, y también su protagonista, productor, director, actor de reparto… toda esa composición no es más que una historia que nos contamos en nuestra mente: mejoremos la historia, cambiemos la forma de observarlo, y la realidad cambiará para nosotros. Viviremos otra cosa.
 
¿Acaso es lo mismo la pandemia para una funeraria, una empresa que construye mascarillas, un periódico que se especialice en noticias sobre COVID, una persona huraña y solitaria, una persona que adora el silencio de su hogar o una persona que no quiera ir a trabajar porque no le guste su trabajo? La perspectiva lo es todo, los hechos son solo excusas sobre las que basar nuestras perspectivas: justificaciones para seguir pensando lo que pensamos, para que el mundo valide nuestra “razón”. Pero, ¿prefiero ser feliz o tener razón? Yo quiero ser feliz.
 
TODOS PODEMOS, PERO NO TIENE POR QUÉ SER SOLOS:
Una vez que mi experiencia me trajo la tranquilidad que deseaba en mi vida, veo claro que la manera en que nos comprometemos con nosotros mismos para lograr lo que queremos es la única garantía de éxito, salga a la primera o no. Necesitamos darnos cuenta de que hay cosas que no queremos en nuestra vida, y que está en nuestra mano deshacernos de ellas. Y hay otras que no están pero que podemos lograr con la ACCIÓN adecuada, si aplicamos nuestro compromiso y responsabilidad a poner nuestras energías en el cambio que anhelamos.

Recientemente, he trasmitido a un amigo algo que me impacto durante mi proceso: “¿A qué esperas a enfrentarte, preguntar y resolver? ¿A que sea tarde y ya no puedas?”. Llevas años arrastrando estos problemas. Sabes que están en el mismo sitio del que no te decides a cambiarlos.
“Afróntalo e intenta ser feliz”.  Tienes los objetivos claros, pero te faltan estrategias. Puedes dejarte acompañar, si estás preparado para ello. Le aconseje realizar un proceso del COACHING.
 
Para mí este proceso fue un antes y después en mi vida.
Yo sabía lo que quería, pero me faltaban las herramientas para llevarlo a cabo.
Y eso recibí del Dr. Calvo
Nunca podré agradecerle lo suficiente su ayuda. Me queda mucho por delante, pero ahora sé lo que quiero y cómo debo hacerlo.
Para mí ha sido un aprendizaje que espero no perder”


 
 

Autores:
  1. Montserrat Barcia Benito (Coachee/client de proceso de coaching; TSID en HUCA desde el 90; Auxiliar de enfermería; 7 años trabajados en Hospital Psiquiátrico de Oviedo).
  2. Dr. David Calvo Temprano (Coach de Salud).


 
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