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CEREBRO EMOCIONAL III: EVOLUCIÓN HISTÓRICA Y CEREBRO TRIUNO
Las emociones nos ayudan a ser conscientes de una vida más feliz con aprendizajes a partir de nuestras experiencias más adaptativas

Fecha: 23/02/2021

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I. EVOLUCIÓN HISTÓRICA: NOS COSTÓ ACEPTAR LAS EMOCIONES.
 
A. DUALIDAD RAZÓN-EMOCIÓN: DESDE LOS GRIEGOS COMENZÓ EN OCCIDENTE LA ODISEA DE LAS EMOCIONES.
Desde la antigüedad ha existido un gran interés por nuestras emociones. Platón y Aristóteles en su búsqueda de sabiduría en todas las áreas sentaron las primeras bases. 
 
Las emociones para Aristóteles (pathos) son facultades emotivas en los seres humanos, que pueden llegar a generar susceptibilidad y causar en algún momento que se cambien los juicios. En la retórica de Aristóteles, esto se traslada a la habilidad del orador o escritor de evocar emociones y sentimientos en su audiencia. El pathos está asociado con la emoción, apela a simpatizar con la audiencia y despertar su imaginación.
 
Comparados con la moderación de Aristóteles, los estoicos fueron bastante intolerantes con las emociones, enfatizando sus fallas cognitivas, eudaimonistas y morales, al tiempo que recomiendan su eliminación. El control de las pasiones que perturban nuestra vida se debería alcanzar valiéndose de la valentía y la razón del carácter personal. Así, las pasiones eran el origen del mal y de la infelicidad del hombre para los griegos clásicos, y debían ser moderadas cuando no dominadas y reprimidas. Se establece la dualidad razón (divina) versus corazón-emociones (mortal y corruptible).
 
Durante la Edad Media, las emociones fueron vinculadas con las pasiones, y por tanto con una connotación negativa y en oposición a los preceptos normativos de la época, donde la razón se podía ver nublada por la emoción (pecados del alma en la religiosidad de la época). Para San Agustín la única verdadera felicidad terrenal radica en la esperanza de la salvación y la vida eterna de los bienaventurados, y eso requiere la gracia de Dios como un regalo gratuito. La emoción más importante para la buena vida es el amor (“Ama y haz lo que quieras”), y la virtud no es otra cosa que el tipo correcto de amor, es decir, el amor de Dios.
 

B. DUALIDAD MENTE-CUERPO: LA PRIMACÍA DE LA RAZÓN (DESCARTES).
Para Descartes (s XVII) el alma no experimentaría pasiones, si ella no tuviese un cuerpo, y por su cuerpo el alma experimenta el mundo. Por eso que “todas estas pasiones (primitivas) se refieren al cuerpo y solo afectan al alma en tanto que ésta está unida a aquél”. Así, la tesis principal de Descartes es que las pasiones del alma se originan en las alteraciones corpóreas (que unos “espíritus animales llevaban a la glándula pineal del cerebro”) y, por consiguiente, causan estados afectivos en el alma.
 
Descartes diferenciaba la mente (res cogitans) del cuerpo (res extensa), consolidando la primacía de la razón, aunque se hablaba de afecto (no tan negativo ya) y no de pasión.
 
Baruch Spinosa (s XVII), filósofo neerlandés de origen sefardí, niega esta dualidad y ofrece su versión de que todo es uno y lo mismo, en contraposición con Descartes, pues ambas son diferentes expresiones de lo mismo. Es más, para él la razón, el corazón y el cuerpo es todo lo mismo: no hay separación alguna. Esta idea no prevaleció.
 
Posteriormente, Rousseau a finales del XVIII empieza a germinar la idea de un estado positivo de la naturaleza humana, que incluye a las emociones como algo esencialmente natural, sano y que entronca con la sacrosanta búsqueda de la felicidad: la virtuosa razón necesitaría la viva emoción para encontrarla.
 
C. PSICOLOGÍA CIENTÍFICA: LAS EMOCIONES SON ESTUDIADAS COMO PARTE DE LA VIDA.
En el siglo XIX se desarrolla el estudio científico de la psicología y se separa de la filosofía, pero abandona las emociones y se centra en la cognición, el pensar, la memoria, la razón: clásicas funciones cognitivas superiores que no incluyen las emocionales en “lo superior” de la mente humana.
 
  • Charles Darwin, padre de la biología moderna, estudia por primera vez cómo expresan las emociones los animales y publica “La expresión de las emociones en el hombre y en los animales” en 1872.
  • William James, padre de la psicología funcional, resalta las respuestas autónomas y motoras en la experiencia de las emociones (=somatización de las emociones) en 1884, lo que adelantará la hipótesis moderna del marcador somático de neurocientífico portugués Damásio (1990).
  • Carl Lange y William James investigaron sobre la fisiología de las emociones llegando a la conclusión de que es la corteza cerebral la recibe e interpreta los estímulos sensoriales que provocan emociones, produciendo cambios en los órganos viscerales a través del sistema nervioso autónomo y en los músculos del esqueleto a través del sistema nervioso somático. Por lo tanto, sería la corteza cerebral la que elaboraría-percibiría finalmente la experiencia emocional.
 
A lo largo del siglo XX un hito importante fue el descubrimiento de fenómenos inconscientes en la valoración emocional de la experiencia humana, propuesta por Sigmund Freud, con un método no científico que revolucionaría la forma de conceptualizar la psique humana. También han existido numerosos experimentos en el ámbito de las emociones gracias a la psicología conductista y finalmente la cognitiva de finales de siglo, considerándose finalmente las emociones como un proceso de la cognición que se interrelaciona con la experiencia racional del sujeto con su medio.
 
D. NEUROCIENCIA AFECTIVA: BASES NEUROBIOLÓGICAS DE LAS EMOCIONES.
A partir de los 90, el crecimiento neurocientífico ya es exponencial, con una búsqueda muy activa y sistemática de las bases neurológicas de las emociones, y la interrelación entre cognición racional, emoción y conducta, en un intento por integrarlos de forma armoniosa y comprensiva. El matiz más sobresaliente hoy en día es la búsqueda por la integración, por la comprensión del todo emocional sin atomizarlo en partes inconexas y difícilmente comprensibles.
 
La emoción, al igual que el movimiento y la percepción en el cerebro, se relaciona con áreas diferentes y generalmente se acompaña de respuestas autonómicas, endocrinas y esqueléticas (motoras); que preparan al cuerpo para la acción. En ocasiones se tacha a la ciencia como incapaz de decidir qué es la emoción, aunque sí hablar de su componente biológico, pero no realmente de su esencia (más metafísica).
 
Si la cognición (del latín cognoscere, 'conocer') es la acción y efecto de conocer, y se pretende con ello conocer lo externo y lo interno del ser humano; las emociones forman sin duda parte de cómo nos afecta o nos resulta indiferente tanto los estímulos del exterior como los de nuestro propio organismo corpóreo y mental. Las emociones son reacciones psicofisiológicas que representan modos de adaptación del individuo cuando percibe un objeto, persona, lugar, suceso o recuerdo importante.
 
E. LAS EMOCIONES MENSAJEROS DE LA MENTE EN EL CUERPO:
Es las postrimerías del siglo XX cuando el cuerpo se une al binomio razón-emoción, pues se descubre, por la neurocientífica propuesta para el Nobel Candace Pert, que todas las células del cuerpo tienen receptores para las sustancias que se liberan en el cerebro (dentro de la llamada barrera hematoencefálica que impide entradas y salidas de sustancias “no permitidas” como medida de seguridad cerebral)
 
La Dra. Pert llamaría MOLÉCULAS DE LA EMOCIÓN a estas sustancias cerebrales (hormonas, neuropéptidos y neurotransmisores) que interconectarían la respuesta emocional a lo que pensamos en nuestra mente con lo que las sensaciones de nuestro cuerpo están somatizando al sentir lo que pensamos (somatización de las emociones).
 
Así, cuando un pensamiento nos genera ira, la ira la sentimos en nuestra mente, pero también en nuestro cuerpo, pues se pone tenso en sus músculos y activa el aparato circulatorio y respiratorio para estar preparado para actuar. Por lo tanto, la emoción acaba siendo el mensajero intermedio entre la mente y el cuerpo, y podemos por fin volver a ver un continuo en la triada ficticia cuerpo-emoción-mente, y abandonar las dualidades cuerpo-mente y mente-corazón.
 
Esta orientación se vería sólidamente apoyada por el enfoque del Dr. Antonio Damasio y sus marcadores somáticos, según los cuáles el cuerpo decide o al menos prepara el terreno para las decisiones de base emocional, por aprendizaje automatizado ante experiencias pasadas, y no serían las decisiones ni de base emocional ni racional. Este aspecto lo trataremos separadamente, pues aporta un papel importante al componente fisiológico-homeostático de las emociones.
 
F. HITOS DESTACABLES DE LA NEUROCIENCIA AFECTIVA:
Los nombres propios más relacionados con la historia del nacimiento de esta nueva disciplina multidisciplinar, la NEUROCIENCIA AFECTIVA, son los siguientes:
 
Franz Joseph Gall (1758-1828), fundador de la frenología, desarrolló la anatomía del cerebro y las estructuras nerviosas principales, que permitió diferenciar las porciones más importantes con funciones específicas. Es el autor de la verdadera anatomía del cerebro, ya que previamente la anatomía cerebral era un compendio de irrealidades y falsedades propias de un misticismo no científico por no atenerse a la observación directa, por representar un tabú religioso, social y científico en siglos previos. Fue el primer científico en identificar a la materia gris como tejido activo (somas neuronales) y a la sustancia blanca (axones) como tejido conductor. Fue el fundador de la frenología, una pseudociencia que afirma que es posible determinar los rasgos de la personalidad y las facultades mentales de una persona, estudiando la forma del cráneo y sus protuberancias.
 
El médico francés Paul Broca desarrolló y consolidó una correlación entre áreas anatómicas y funciones cerebrales y fue quien le otorgó el nombre al sistema que hoy aún reconocemos como lóbulo límbico o cerebro emocional en 1878.
 
Un avance importante supuso el paciente neurocientífico más famoso del siglo XX, el caso Phineas Gage, trabajador del ferrocarril que en 1848 sufre una lesión prefrontal ventromedial izquierda no mortal al atravesarle el cráneo una barra de hierro (por explosión de pólvora) y producirse en él cambios de comportamiento y afectividad social, manteniendo una conciencia y raciocinio normal (era una persona con buen comportamiento e inteligente y pasó a ser deshonesto e indeciso: le faltaba el componente afectivo que inclinaba la balanza en sus decisiones).
 
Por su parte, William James (1900) desarrolló la primera teoría neuropsicológica de las emociones, y es considerado uno de los grandes de la Psicología, junto a Wilhelm Wundt, Freud, Jung, Ellis entre otros. James propone un modelo en el que la reacción fisiológica ante el estímulo era la que provocaba la emoción: “No lloro porque tengo pena, sino que tengo pena porque lloro”. Otro ejemplo clásico de James es el del oso: el sentido común nos dice que el ver un oso provoca miedo, lo cual nos impulsa a correr. James dice que la respuesta adecuada ante un oso es correr, lo cual impulsa a sentir miedo.
 
James Papez sentó las bases en 1937 de lo que se conocería como el circuito (neuronal) de Papez, en relación con el sistema límbico (lo atribuiría MacLean posteriormente). Supone el inicio de las bases neuroanatómicas de las emociones y cambió de buscar centros nerviosos aislados a hablar más acertadamente de sistemas. Valoró tanto estructuras subcorticales con respuestas autónomas y conductuales simples (vías del sentimiento en la experiencia emocional) como vías corticales (vías de pensamiento) para respuestas más complejas y coordinadas.
 
El Circuito de Papez incluyó los giros cingulado y parahipocampal, el hipotálamo, el tálamo, el hipocampo (pero no incluyó la amígdala, el septum, la corteza prefrontal o el cerebelo). El circuito completo empieza y acaba en el hipocampo: empieza en el subículo hasta los cuerpos mamilares del hipotálamo, de ahí pasa al tálamo anterior y luego va al giro cingulado. Posteriormente pasa a la corteza entorrinal para terminar de nuevo en el hipocampo, cerrando el circuito en la profundidad del lóbulo temporal.
 
 
Por último, Paul D. MacLean propone su tesis del cerebro triple evolutivo o triuno) y es quien atribuye en 1952 la expresión, regulación y control de las emociones realmente al sistema límbico, formado por estructuras sustancia gris que están en el limbo o frontera entre el telencéfalo (hemisferios cerebrales) y el diencéfalo (en profundidad y central, por encima del TE, en concreto del mesencéfalo, parte superior del TE).

II. LOS TRES CEREBROS EVOLUTIVOS (CEREBRO TRIUNO): DECISIONES CADA VEZ MÁS ADAPTATIVAS E INTELIGENTES.
En 1970 un neurocientífico norteamericano llamado Paul MacLean describió la “teoría del cerebro triple” que explicaría el desarrollo en diferentes etapas filogenéticas de las regiones anatómicas cerebrales implicadas en los procesos vitales, emocionales y racionales que es hoy aún sostenible.
 
Propuso que nuestro cerebro se puede considerar como tres cerebros en uno. Así, estaría formado por tres grandes zonas cerebrales o superestructuras neuroanatómicas en las que podríamos diferenciar:
  • por un lado, las funciones que cada una de estas superestructuras tienen, y
  • por otro lado, mantener una correlación evolutiva con lo que se supone que las diferentes especies animales han ido mejorando hasta alcanzar su culmen en el cerebro humano.
 
Cada una de estas superestructuras estaría conformada por distintos núcleos cerebrales, que incluirían estructuras de menos a más desarrolladas filogenéticamente (evolución de las especies). Según MacLean, la evolución de nuestro cerebro sería el resultado de continuas mejoras evolutivas en tres estadíos: cerebro reptiliano u homeostático, cerebro emocional o límbico y cerebro racional o neocórtex.
 
 

A. CEREBRO REPTILIANO U HOMEOSTÁTICO:
Representa tan solo el 5% de nuestra masa cerebral y es “compartido”, aunque con diferente nivel de desarrollo, con los encéfalos de los reptiles, mucho más rudimentarios.
 
En el humano, varias estructuras formarían parte de él, a saber:
  • Los ganglios basales localizados en la profundidad del cerebro y que tienen como función principal procesar la información acerca de nuestro propio movimiento corporal para ajustarlo a las distintas situaciones y llevar a cabo un acto adecuado.
  • La amígdala (con gran relación, como veremos, con el sistema límbico, pero ya presente en el cerebro del reptil).
  • El cerebelo, más implicado en motilidad, memoria no episódica y habla; aunque con funciones afectivas alteradas ante su lesión).
  • Núcleos del tronco del encéfalo (TE), encargados entre otras funciones de la descarga vegetativa acompañante de las emociones.
 
Estos núcleos se ocuparían de asegurar la supervivencia del individuo y por tanto pueden tomar decisiones urgentes y eficaces por activar respuestas rápidas ante estímulos que se consideren amenazantes. Por ejemplo, la amígdala podrá activar la respuesta ante la visión de un león en la sabana, por lo que sentirá miedo y activará al cuerpo para que se esconda o huya corriendo.
 
También para asegurar la supervivencia, pero de la especie, el cerebro reptil (y estructuras del límbico) se encarga de activar nuestro instinto y motivación sexual que provoca que nos atraigan otras personas.
 
Una característica fundamental de este sistema es que es muy rígido pues implica una respuesta automática (=estereotipada), de perfil reflejo o instintivo, sin capacidad de adaptación a un estímulo diferencia.
 
Lo más importante de este cerebro es que permite mantener la homeostasis, o equilibrio necesario para la vida, siempre como una prioridad en nuestra vida, dado que su capacidad de reclutamiento de la actividad cerebral y su respuesta efectora en el cuerpo es mayor que en el resto. Esto significa que, aunque áreas “superiores” evolutivamente estén activas e “interesadas” en algo relevante “para ellas”, si la supervivencia está en juego y lo detecta el cerebro reptil, se acometerán automáticamente las medidas necesarias, aún cuando el cerebro cortical puede inhibirlo de forma expresa (en concreto por la región orbitofrontal del lóbulo prefrontal). La supervivencia individual -y como especie- tiene prioridad ante los demás en situaciones que amenacen nuestra vida.
 
Es el encargado también de llevar a cabo algunas conductas inconscientes e involuntarias como nuestra respiración, la presión sanguínea, la temperatura, el equilibrio, entre otras.
 
Sus lemas serían muy básicos: “Ante todo, sobrevive”, “evita el dolor”,” defiende tu territorio”, “busca pareja”.
 
 

B. CEREBRO LÍMBICO O EMOCIONAL (paleomamífero):
Compartido por todos los mamíferos, y responsable de una mejor adaptación al medio. Este segundo cerebro estaría ubicado alrededor de la frontera o borde debajo del telencéfalo y encima del TE, de ahí el término límbico (lat. “limbus/borde”).
 
Los núcleos incluidos (que pertenecen al llamado diencéfalo) son:
  • La amígdala: realmente pertenece, como veremos, al sistema límbico, y está a caballo entre el reptiliano y el límbico.
  • El hipotálamo: regulador máximo del sistema vegetativo y endocrino.
  • El hipocampo: relacionado con la memoria.
  • El tálamo: estación principal de información de todo el cuerpo por ser una primera región en que toda la información proveniente del cuerpo se procesa y se organiza, para luego conectar con otros núcleos que efectuarán respuestas a esos estímulos, sensitivos o motores (áreas corticales sensoriales, primarias y secundarias, modales y multimodales).
  • El cíngulo o giro cingulado: se localiza por encima del cuerpo calloso, en línea media, y se considera parte integrante del sistema límbico y que se encuentra involucrado en la formación de emociones, procesamiento de datos básicos referidos a la conducta, aprendizaje y memoria (atención selectiva multitask). Recibe información desde el tálamo, así como neocórtex, y también se conecta con las áreas somatosensorial de la corteza cerebral, estas se proyectan hacia el córtex entorrinal a través del giro cingulado.
  • El Cuerpo Calloso (CC) o comisura central: es el tracto de sustancia blanca más importante del cerebro que permite la conexión rápida entre áreas equivalentes de nuestro cerebro, también llamadas homotípicas (por ser similares), entre el hemisferio derecho y el hemisferio izquierdo. Aparece en los mamíferos placentarios y está formada por aproximadamente 200 millones de axones. Filogenéticamente, el incremento en volumen de la corteza cerebral se relaciona positivamente con el incremento en el área y con el número de fibras que componen el CC. Esta comisura esa incluida funcionalmente dentro del sistema límbico.


 
 Este “cerebro” límbico se dedica a atribuir un significado emocional a los estímulos para que esto suponga un aprendizaje, a través de la memoria, de la experiencia pasada para hacernos más adaptativos a la realidad presente, amén de contribuir a anticipar respuestas futuras que supongan una ventaja adaptativa.
 
Con ello se consigue que nuestras respuestas sean más flexibles, más adaptadas a lo que vamos aprendiendo en nuestra vida, y a lo que le vamos confiriendo valor (por atribuirles emocionalidad a lo que nos va pasando). Permite asimismo una mayor interacción con el medio y los individuos con quienes nos comunicamos.
 
Su lema sería: “Ante todo, siente y aprende de tu experiencia pasada”.
 
C. CEREBRO RACIONAL, NEOCORTICAL O COGNITIVO (neomamífero):
Propio de los humanos, con capacidad de razonar y pensar para tomar decisiones racionales antes circunstancias sociales de mayor complejidad.
 
Formado por los dos hemisferios cerebrales (telencéfalo) son las estructuras implicadas en el cerebro más evolucionado o racional, especialmente el lóbulo prefrontal, con sus tres áreas dominantes (ventromedial y orbitofrontal, más cognitivo-emocionales; y dorsolateral, más cognitivo-racional; que estudiaremos en detalle en otra entrada).
 
El hemisferio izquierdo se encarga de la parte analítica y se ocupa de los procesos lingüísticos y de cálculo, busca el orden y la explicación para todo. El hemisferio derecho por su parte es más creativo y procesa imágenes, contenidos no verbales y también las emociones, los sentimientos y las relaciones sociales. Es más intuitivo, creativo e integrador (holístico) y está conectado más a la emoción que a la razón.
 
La integración de las sensaciones internas y externas se consideraba la base de la experiencia emocional. Así, tanto la experiencia emocional consciente, como la memoria de trabajo activa racional y emocional se van a integrar a este nivel, siendo globalmente responsables de la regulación y expresión emocional fina, en ambientes interpersonales de mayor complejidad.
 
 
Las decisiones que se toman con este cerebro son muy flexibles (necesario para ambientes sociales muy cambiantes y complejos con mucha información que debe ponerse en perspectiva y contexto), conscientemente adaptadas a lo que se integra a nivel cortical entre lo racional y lo emocional, y enfocadas gracias a la atención y la motivación al logro de metas en función de las preferencias del individuo, cuya búsqueda -lejos de únicamente mantenerse vivo, como hacía el reptiliano-, aspira al bienestar y felicidad en un ambiente que no representa amenaza para su vida. Esta habilidad cognitiva creciente asociada a nuestro cerebro racional ha sido el soporte de la longevidad prolongada de nuestra especie, apoyado en redes sociales de ayuda intergeneracional.
 
Su lema podría ser: “Ante todo, logra tus objetivos y vive feliz, en paz y armonía con tu ambiente y tus congéneres”.
 
RESUMEN DE EVOLUCIÓN: MEJOR SI INTEGRAMOS LAS EMOCIONES.
Es así como las emociones nos vuelven más inteligentes, porque la decisión que tomamos en base a experiencias previas vividas y sentidas se ajustan a nuestra forma de vivir el mundo y se adapta a nuestras necesidades, no solo para aumentar la supervivencia, sino también para mejorar la homeostasis (equilibrio necesario del organismo, visto como un todo holístico) y aumentar nuestro bienestar.
 
EL DESARROLLO DEL EMBRIÓN HUMANO REPRODUCE LA EVOLUCIÓN DE LA ESPECIE:
En algún grado, este desarrollo evolutivo se presenta también en la forma en que el embrión humano forma su encéfalo dentro del útero materno. Se constituyen para ello tres vesículas que corresponden con:
a)un cerebro anterior: que acaban por ser el prosencéfalo que equivale a:
a.telencéfalo: formado por los dos hemisferios cerebrales; y
b.diencéfalo: con estructuras del sistema límbico;
b)un cerebro medio: que corresponde con el mesencéfalo (parte superior del tronco del encéfalo o TE); y
c)un cerebro posterior: llamado rombencéfalo, que se compone de:
a.metencéfalo: formado por estructura intermedia del TE, llamada protuberancia (o puente de Varolio) y el cerebelo (=significa “pequeño cerebro”); y
b.mielencéfalo: que corresponde con el bulbo raquídeo, localizado anatómicamente por encima de la médula espinal y corresponde con la parte inferior del TE.
 
El tronco del encéfalo se forma, por lo tanto, por el mesencéfalo (solo él forma el cerebro medio), la protuberancia (parte del metencéfalo) y el bulbo raquídeo (o mielencéfalo); donde las dos regiones inferiores forman el cerebro posterior.
 
Dentro del cráneo estas estructuras se localizan mayormente en la fosa posterior (de las tres que presenta la base del cráneo), y el voluminoso cerebro anterior o prosencéfalo, cerebro más moderno y evolucionado del humano, ocupa las fosas anterior y media, donde se apoyan anatómicamente los lóbulos frontales y temporales de los hemisferios cerebrales, respectivamente.
 
LA VIDA EN PAZ Y SIN CONFLICTOS: ARMONÍA ENTRE LOS 3 CEREBROS.
Aunque se diferencian estos tres cerebros evolutivos y se habla de distintas superestructuras neuronales, lo cierto es que trabajan de forma armónica y complementaria en la vida normal, especialmente cuando no hay conflictos en la vivencia de la experiencia humana.
 
No obstante:
  • en situaciones de extremo riesgo, en ambientes amenazantes, la amígdala y por tanto el cerebro reptiliano responsable de la supervivencia del individuo tomará la palabra y “secuestrará” las funciones cerebrales con inhibición de las superiores o corticales (reclutamiento superior para asegurar la integridad vital);
  • en ambientes de seguridad y en entornos sociales interpersonales será el refinado procesamiento cortical de los lóbulos frontales los que decidirán racional y emocionalmente qué hacer, cómo expresarse y en base a qué estímulos moverse a experimentar la vida. Dicho de otra forma, el neocórtex manda y decide, siempre que la supervivencia esté garantizada y se pueda inhibir el cerebro reptiliano u homeostático.
A su vez el cerebro límbico supuso una importante mejora adaptativa para la especie humana (punto de vista filogenético, es decir, de la especie), porque en el sujeto (punto de vista ontogénico, es decir, del desarrollo de la propia persona) podía contar con un mejor aprovechamiento de la información recibida (aprendizaje) con la experiencia de su vida (y cómo lo sintió a través de sus emociones). Así, si un humano recordaba que cada vez que veía un león tenía una probabilidad alta de que le comiera o se llevara a su prole, la emoción del miedo podía llevarle a tener conductas evasivas y aumentar su supervivencia como individuo (ontogenia) y facilitar la de su especie (filogenia).
 
 
III. COMPONENTES EMOCIONALES: DIFERENTES FASES, DIFERENTES ÁREAS CEREBRALES.
Cuando se produce una emoción, se van a producir cambios neurofisiológicos y bioquímicos, motores, conductuales y cognitivos diferentes. Todos estos componentes tienen cabida en una emoción. No sólo sentimos algo, sino que lo “sentimos en el cuerpo”, lo “pensamos en la mente” y lo “expresamos en las vísceras”. Y esto se debe a que se activan diferentes respuestas motoras, viscerales (autonómicas) y endocrinas, además de implicarse en ello diferentes áreas cerebrales.
 
Como ya veíamos en una entrada previa (véase CEREBRO EMOCIONAL II), Lang propuso 3 componentes básicos para explicarlo:
  1. Componente fisiológico u homeostático: especialmente guiado por el sistema nervioso autónomo y endocrino, y gobernado y dirigido por el hipotálamo (aumento de la frecuencia cardiaca y respiratoria si sentimos miedo).
  2. Componente cognitivo: con o sin consciencia de ello (pensar qué hacer y relacionarlo con el contexto).
  3. Componente conductual: acciones y conductas que se llevan a cabo a partir de todo ello (salir corriendo ante un león).
Ampliando los descritos por Lang, el profesor Klaus Scherer (1982) ha estudiado sobre cómo son evaluados los estímulos que desencadenan las emociones, las cuales están determinadas por procesos de valoración personal de la relevancia que tiene los objetos o situaciones de nuestra experiencia.
 
Especial interés ha tenido el estudio de la regulación emocional en situaciones novedosas o sea la Teoría cognitiva de la valoración. Sus investigaciones se han centrado en el “Modelo de componentes del proceso de la emoción” y propone la existencia de 5 componentes secuenciales, cuatro para la emoción y un último para la experiencia consciente del sentimiento:
  1. Procesamiento cognitivo de estímulos: con o sin conciencia de ello, subcortical por la amígdala o cortical por el lóbulo prefrontal.
  2. Proceso neurofisiológico: regido por el hipotálamo y por los núcleos del TE, que activan entre otros la respuesta del sistema nervioso vegetativo y endocrino-hormonal.
  3. Tendencia motivacional y conductual:  por predisponer a actuar, hacer o no hacer, dependientes de la amígdala y el lóbulo prefrontal, incluyendo el cingulado.
  4. Expresión motora: expresión conductual característica de cada emoción, facial y corporal en su lenguaje no verbal (por la amígdala y prefrontal también).
  5. Estado afectivo subjetivo: último proceso, pasando de la emoción al sentimiento, que implica un control más voluntario y consciente a nivel prefrontal, concretamente las áreas ventromedial y orbitofrontal.
 
El hecho de que solo al final se produzca un proceso cortical consciente, integrador de lo emocional y racional, apoya la tesis del neurólogo Antonio Damasio del marcador somático -que valoraremos-, y que viene a expresar que es el propio cuerpo el que decide o al menos predispone a la toma de decisiones por la constitución y ejecución con respuesta de marcadores en el cuerpo o somáticos, gracias a la experiencia previamente vivida.

IV. EMOCIONES PRIMARIAS Y SECUNDARIAS:
Clásicamente diferenciamos emociones primarias y secundarias:
  1. Las primarias son aquellas que compartimos todos y con una común expresión facial, tanto en humanos como en animales (Ekman, 1994). Estas emociones se consideran innatas, es decir, nacemos con ellas y se expresan igual incluso en sujetos ciegos y mudos (estudios en ciegos y mudos incluso por Eibl-Eibesfeldt, 1973).
    • Están genéticamente condicionadas y serían universales: Tristeza, Enfado-ira, Asco, Miedo, Alegría, Sorpresa (TE AMAS).
    • Estas emociones se van a vincular en muchos casos con estructuras más subcorticales, como es el caso del miedo y de la ira (en amígdala).
  2. Las emociones secundarias dependen de la cultura en la que hemos nacido y desarrollado como individuos, habitualmente con una complejidad social que no atribuimos a la mayor parte de los animales. El modelo bio-cultural sugiere la confluencia de componentes innatos, pero también aprendidos, en la dimensión y construcción emocional del sujeto. Las emociones tendrían un trasfondo social propiamente humano (o al menos, así se consideran hoy en día).
    • En su vivencia y atribución de una polaridad agradable o desagradable van a tener más influencia las creencias reinantes de otros (la comunidad) que el propio estímulo. Así, con un mismo estímulo (matar a alguien) puede aparecer emociones contrapuestas: la culpa (matar es malo) u orgullo (te convierte en un héroe de guerra en caso de conflicto bélico).
    • Otras emociones pueden ser la vergüenza, la felicidad, etc.
    • Estas emociones no son innatas, y además requieren primero haber adquirido las creencias y saberes de la cultura en la que vives para poder responder de forma adaptativa con tus emociones a la circunstancia dada socialmente.  Se experimentan por tanto por estructuras más corticales, para estímulos más elaborados y procesamiento más fino, dependientes del lóbulo prefrontal (áreas ventromedial y orbitofrontal).  
Hemos visto cómo las emociones han supuesto una ventaja adaptativa que nos permite aprender a vivir mejor a partir de cómo nos sentimos en vivencias anteriores. También hemos analizado la co-existencia de tres grandes superestructuras cerebrales que han ido evolucionando durante miles de años hasta conformar nuestro cerebro de Homo sapiens, pero que aún “llevamos dentro”.
 
Podemos concluir que El MUNDO EMOCIONAL llena y rige nuestra vida, le da sensación de vida a nuestra experiencia, y nos permite armonizar lo que hacemos con lo que pensamos. 
 
Aprender a gestionar las emociones nos supone una GUÍA para el sereno transcurrir de la vida y nos permite descubrir la forma más saludable de afrontar las situaciones cambiantes o adversas (RESILIENCIA) a las que podemos hacer frente con la certeza y ayuda de nuestra evolucionada y compleja neuroanatomía cerebral.


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Autores:
  1. Dr. Antonio Saiz Ayala:
    • Jefe de Sección Neuroradiología HUCA.
    • Profesor Asociado de Ciencias de la Salud de la Universidad de Oviedo.
    • Doctor en Medicina por la Universidad Complutense de Madrid
    • Médico Especialista en Radiodiagnóstico.
  2. Dr. David Calvo Temprano (Director y formador EEL Asturias, Coach de Salud & Practitioner PNL por AICM; Médico Radiólogo HUCA y Profesor Universidad Oviedo).

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