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Qué es el COACHING

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ESTAR EN PAZ CONMIGO
Cuando aceptas la realidad tal y como se expresa en tu vida y aportas todo tu AMOR en ella.

Fecha: 07/07/2021

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LA PAZ COMO AUSENCIA DE CONFLICTOS:
La PAZ, un estado de ausencia que se debate entre el binomio de lo efímero y lo eterno. Ausencia de temor en todas sus formas, de remordimiento y rencor, de deudas pendientes y miradas hacia el pasado. En la paz importan dos antítesis: El ahora y el para siempre... Cuando 'para siempre' es justo el momento presente. 

Podríamos acercarnos primeramente a definir la paz por lo más obvio: la ausencia de conflictos. Cuando uno vive la vida de forma conflictiva, no está en paz; y cuando alguien vive en paz, no sufre conflictos, pues interpreta esos “conflictos” como cosas que ocurren de forma habitual, independientemente de sus preferencias. Por ejemplo, cuando vas por la autopista adelantando por el carril izquierdo y un coche próximo a un camión en el derecho se cambia a tu carril sin avisarte y te obliga a frenar, puedes enfadarte o puedes simplemente dedicarte a lo que la situación te pide: que frenes, que aceptes que ese coche ya se metió en “tu” carril y lo más obvio de todo, tú no quieres tener un accidente con él, prefieres aceptarlo delante y cuando puedas seguir tu camino, pues cuando tu foco es encontrar la mejor manera de seguir tu camino, desaparecen los conflictos.
 

Se le atribuye a William Shakespeare una cita interesante aquí: “un problema solo es un hecho hasta que alguien dice que eso es un problema”. Es decir, los mismos hechos que para los que eligen vivir en paz suponen un problema para los que declaran que eso no debería ser así.

El ser humano interpreta la realidad únicamente a través de los sentidos. Gracias a la Medicina conocemos desde los primeros tiempos que nuestros sentidos nos pueden engañar y que podemos estar viendo cosas que no existen (como los espejismos en el asfalto caliente), escuchando sonidos irreales (como cuando se oyen voces fuera que inventa la mente: alucinaciones auditivas) o sintiendo el dolor de algo que no es real (como el síndrome del miembro fantasma, en el que una persona con una pierna amputada siente dolor en una pierna que ya no está en el cuerpo, y lo vive como si así fuera).

En la Programación NeuroLingüística (PNL) es famosa la frase de “el mapa no es el territorio” (acuñada por el lingüista Alfred Korzybski) recordándonos que lo que creemos que es real para nosotros no es más que una representación mental, que incluye percepciones desde unos sentidos limitados y en parte distorsionadores, y los filtra a partir de una creencias y experiencias individuales dependiendo de nuestro pasado. Por tanto, cuando hablamos de la realidad, nos tendríamos que preguntar cuál de ellas: la real que no conocemos en su totalidad o la inventada por nuestra mente, que es la que consideramos real por motu propio.

El conflicto siempre es intentar que lo que nosotros creemos que es real sea de obligado cumplimiento e imposición para todos, y claro, el otro intenta hacer lo mismo con “su realidad”, y generamos un conflicto, donde fácilmente podría haberse establecido un diálogo enriquecedor, dinámico y vivo.

El conflicto supone dar más veracidad a lo que la mente se inventa que a lo que la realidad nos presenta. Pero esto podemos estar dispuestos a empezar a observarlo progresivamente, como parte de un proceso vital testigo, y así ver hasta qué punto nuestra mente nos pone trabas para adaptarnos a una realidad que nada tiene que cambiar, pues es la única real.

SI SIENTO PAZ, IRRADIO PAZ:
Alcanzar la paz, estar en paz, irradiar paz... Difícil y a la vez tan sumamente simple. Cuando no nos pertenecemos a nosotros mismos cómo hablar de un bienestar alquilado, de una felicidad luminosa y etérea.

Resulta que cuando yo me siento en paz, todos perciben mi estado y por tanto a ellos también les ayuda a conectar con la paz que tienen en su interior, pero no estaban sintiendo antes. Si soy un ejemplo de paz, vivo y siento una paz real, y esa realidad la comparto con todo aquel que desee resonar en esa misma vibración de ausencia de conflicto con la realidad.

Dicen que la verdad no necesita ser defendida, pues siempre es real, incluso aunque no creas en ella. Pero la mentira necesita una defensa constante y recalcitrante, pues, en cuanto dejas un rato de sostener una mentira, aparece la verdad en sustitución de la ilusión, y te llena de verdad lo que antes solo eran espejismos en el asfalto.

Si amásemos la vida como podríamos hacer… ¿qué cambiaría en nuestro comportamiento y perspectiva a la hora de vivirla? Seguramente el amor a la vida misma, vivida con serenidad y confianza para lo que deba acontecer y desde luego en paz y armonía con todo y con todos.

PERDONAR ME LIBERA DEL PASADO JUZGADO Y CONDENADO:
La paz, como casi todo en esta vida, es fruto de un esfuerzo previo que comienza por perdonar, a los demás y a nosotros mismos, y, posteriormente, observar cómo acontece nuestra propia liberación y gloria. Al liberarnos de todos nuestros pesos -pesados y ligeros-, del peso del pasado, de nuestras bajas pasiones, de lo que los hombres llamaron un día "pecados capitales", perdurando aún el término por los siglos de los siglos, amén. 

Todos sabemos que llevamos una mochila y que a medida que vamos viviendo situaciones y teniendo experiencias y relaciones con personas y acabamos “sufriendo adversidades”. Quien más quien menos tiene traumas del pasado, relaciones que nos intoxicaron, y una realidad que parece haberse portado “mal” con nosotros. ¿Pero quién lo dice? Por supuesto nuestro juicio mental, esa versión ilusoria y virtual de lo que debería haber o no haber ocurrido, en vez de lo que la realidad nos presentó.

Cuando un físico aplica el método científico para comprender mejor la realidad suele hacer lo siguiente: observa, intenta ver patrones de comportamiento de la realidad y luego postula una fórmula “generalizable” con la que pronosticar o adelantar lo que la realidad “hace” -por así decir- ante ciertas circunstancias, muchas veces, si es posible, con fórmulas y ecuaciones.

Por ejemplo, Galileo Galilei descubrió que los objetos caían en el mismo tiempo desde la torre de Pisa, independientemente de su masa. Es decir, si ahora mismo coges una botella de agua vacía y otra llena, verás que llegan al mismo tiempo al suelo, lo que a priori parecería extraño, ¿verdad? ¿Quién lo ha adelantado así? Por supuesto, de nuevo, nuestra mente.

¿Qué es lo que algunos de vosotros acabáis de hacer? Verificarlo. Habéis cogido dos botellas, una vacía y otra llena de agua, y habéis comprobado que la realidad ofrecía esa versión contraintuitiva para vuestra mente, pues quizás no os acordabais de esta verdad científica fácilmente demostrable.
¿Qué es lo extraño de todo esto? Que la realidad nos ofrezca una versión verdadera y que nosotros optemos, una vez verificada incluso, por la versión mental falsa. Eso es lo que hacemos en la vida: nos decimos que la realidad “debería” ser de una manera, y, cuando lo real no se comporta como la mente juzga y anticipa, escogemos fiarnos de la mente y enfadarnos con la realidad. Y esto sería como si Galileo Galilei hubiera optado por inventarse una fórmula que no sólo no anticipara el comportamiento de la realidad, sino que abiertamente se opusiera a ella, no resultado útil para nada, suponiendo un lastre para el avance científico.

Pues bien. Esos son nuestros “lastres” en la mochila: cosas que pasaron o no pasaron y que nuestra mente juzga que es injusto y que debemos enfadarnos con y por la realidad vivida. Con ello se va llenando la mochila y cada vez se nos hace más pesado el camino y la propia vida.

Cuando perdonamos, vaciamos nuestra mochila, dejamos de autotorturarnos más y recuperamos una energía vital que teníamos secuestrada en ese resentimiento, de forma que nos sentimos más alegres, más vivos y con más ganas de aportar lo mejor que todos llevamos dentro, además de permitirnos también comprender mejor a los demás y con ello a nosotros mismos.

Porque quizás sea cierto que, cuando conoces a tu enemigo, solo puedes comprenderlo y quererlo. Porque quizás sea cierto que todos siempre hacemos lo mejor en cada momento, según las opciones que somos capaces de ver, según las vivencias y experiencias de nuestro pasado y ante todo según las creencias que hemos almacenado como si fueran el código de la ley al que veneramos y por el cual nos regimos. Pero, ¿y si ese libro ficticio y mental estuviera equivocado? ¿y si lo único que tenía que pasar fue justo lo que sucedió? ¿y si la realidad siempre fuera real, y lo inventado siempre es una invención, aún cuando sea mental?

Es probable que, ante la idea de perdonar a aquella persona que tanto daño te hizo, no te des cuenta de que te estás enfadando. La mera idea de perdonar a un “culpable” nos violenta; porque nos sentimos tan identificados con nuestra mente y sus juicios, que si nos insinúan que no comparten “nuestra” forma de verlo (la de la mente), se vuelven ya automáticamente sospechosos, y nos sentimos prestos a incluirlos en la lista de los enemigos, a los que “se busca” para echarles la culpa por lo mal que nos trata la vida.  Pero ¿y si no fuera real la culpa? ¿y si eso que sentimos es tan inventado y falso como la pierna que le duele a la persona a quien se la amputaron?

No perdonamos, no porque no podamos, sino porque no queremos. Porque al condenar a otro, evitamos sentirnos nosotros los condenados por lo malo que ha pasado… pero, si no existiera nada malo, ¿dónde estaría la necesidad de condenar?

¿Si cuando se rompe un plato al fregarlo no supusiera un “problema”, de qué serviría la “culpa” en ese caso? Cuando no juzgas ni condenas, la culpa no aparece y nadie se esperará un castigo futuro por eso “tan malo” que ha ocurrido.

Perdonar a otro es liberarte tú. Perdonar la vida y tu pasado es aceptar que eso ocurrió, pero nada más, y que ya no quieres seguir siendo tú mismo el responsable de hacer caso a una mente que se inventa mundos paralelos en los que las cosas “deberían” ocurrir de otra manera a la real.

Quizás el otro te hizo daño (según tu idea, injustamente) un día de hace muchos años… pero es tu pensamiento el que te tortura desde el rencor durante el resto de tus años: ¿quién es entonces más “malo” contigo?, ¿quién intoxica más tu vida tu etiquetado “enemigo” o tu mente “inventora”?

DIFÍCIL CAMINO PARA LIBERARNOS DE LA MENTIRA DEL CONFLICTO:
Alcanzar la paz es un proceso muy trabajoso. Se necesita una voluntad firme y un anhelo por mejorar nuestra calidad de vida, por liberarnos de la negatividad y vivir el presente. Es un proceso doloroso y trabajoso (¡insisto!). Porque para alcanzar la paz necesitamos pasar por etapas de desarrollo personal que son comparables al desarrollo biológico humano: casi siempre duele, físicamente, crecer... desde bebé a niño, de niño a púber, y así sucesivamente hasta que, en cuanto a lo que esta vida concierne, llega el fin. 

Sin duda la etapa más impactante de la búsqueda de paz es la primera. De repente, tras lo que quizás han sido muchos años de tu vida, decides situar el foco, no en los culpables y enemigos para hacerles cargar con las culpas mentales inventadas, sino en lo bello y amoroso de la vida y en la apertura a recibir lo mejor de tu existencia.

Cuando convocas testigos de alegría y armonía, te aparecen testimonios todos los días de que se puede vivir todo en paz, independientemente de que ocurran o dejen de ocurrir cosas y situaciones que antes vivíamos en conflicto, y ahora elegimos aceptar y manejar.

Cuando los testigos que escuchas están en paz es porque tienes el oído en “modo escucha”, y no en “modo juicio”. Sólo se puede escuchar el silencio estando callados. Sólo puedes escuchar la vida dejando que sea ella quien hable, y no tu mente.

El conflicto es una mentira inventada por la mente. Les atribuye a los hechos un etiquetado que desmonta la realidad. Y no pasa nada por ello, salvo que tú te lo creas y pongas tu vida en su defensa; salvo que aprecies más los juicios de tu mente que la realidad existente.

DESDE LA EXPRESIÓN DEL SER DE AMOR QUE SOY:
Luego llega la fase de ser nuestra esencia, sin contaminarnos por y con el entorno; ser almas puras, ser sólo amor... Hacer lo que siempre hemos sentido la necesidad de hacer, sin tener en cuenta lo que pudiera molestarnos de otros seres humanos, respetando y asumiendo la bondad universal como premisa y estandarte en nuestra vida.

Cuando no te interesan ya los testigos del miedo, con los que siempre podías separarte y condenar a otros, para dejar así la culpa en su territorio lejos del que consideras tuyo, empiezas a apreciar y valorar a otros testigos, los testigos del amor, los testigos de la paz, los testigos de la vida.

Quizás todo se reduzca a una elección, como diría Albert Einstein: “La decisión más importante que debemos tomar es si creemos que vivimos en un Universo amigable u hostil”.
  • Si elegimos pensar que es hostil, cual promesa autocumplida (=efecto Pigmalion), acabemos por sufrir, por sentirnos y pensarnos mentalmente víctimas de un entorno que no nos quiere y nos trata mal.
  • Si elegimos pensar que el universo y la realidad son amigables, entonces podemos abrirnos con confianza y curiosidad a la vida y mostrarnos y expresarnos, disfrutando de estar vivos, y ofreciendo nuestra música para todo aquel que desee escucharla y compartirla con nosotros.
Porque quizás la única energía del Universo sea solo eso, energía, y por tanto nada tiene de malo, pues todo lo que es, es así como debe ser, y está bien. Los físicos aceptan que no puedes cambiar siquiera una partícula subatómica de un átomo sin influir en todo el Universo. Y sin embargo nosotros creemos la locura de que podemos juzgar y condenar a una parte del Universo sin que nos afecte, ensuciar una habitación sin manchar toda la casa, enemistarnos con una persona del Universo sin enemistarnos con la vida.

La serenidad, el equilibrio, la confianza en que nada malo va a suceder, el hecho de abandonarnos a nosotros mismos en manos de la energía universal...Eso definiría encontrarnos muy cerca o, para los más afortunados, en paz. Sabemos que hemos encontrado la paz en el momento en que dejams de necesitar buscarla, y empezamos a expresarla en nuestra vida.

Siempre hay algo mejor en el camino, el mismo camino es lo más hermoso, y aún en los momentos difíciles cuando hasta respirar duele, aún entonces, podemos vislumbrar la serenidad que indudablemente llegará. Siempre llega, inevitablemente. Dejémonos fluir y ser guiados por nuestra levedad... Tal vez descubramos, al final, que el reto de la vida ha sido simplemente una ilusión.

El amor no condena, no juzga, no separa, no elimina. El amor se da, se ofrece y se recibe de igual manera. El amor es lo que eres y también lo es tu enemigo, ese al que no comprendes y pretendes separar de ti, porque aún confías más en los juicios de tu mente que en la realidad amorosa que tú eres. El amor está en paz con todo y con todos.

Y ESTAR EN PAZ CON LA REALIDAD es lo que tú has olvidado escoger… y también lo único que buscas.

No lo busques fuera, pues crees haberlo perdido… y ESTÁ dentro. ¿O es que no sientes más paz ahora dentro de ti?

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Autores:
1.     R: en paz encontrada, irradiada y vivida... desde el anonimato expreso.
2.     David.

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