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CEREBRO EMOCIONAL II: BASES DE LA EMOCIÓN Y NEUROCIENCIA AFECTIVA
Un estudio multidisciplinar no ayuda a comprender las bases neurológicas de las emociones, hoy en día en auge.

Fecha: 15/12/2020

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BASES DE LA EMOCIÓN:

DEFINICIÓN:
Según Robert Plutchick, profesor emérito de la Facultad de Medicina Albert Einstein, en el siglo XX los psicólogos han propuesto más de 90 definiciones diferentes de "emoción" con el objetivo de describir con precisión lo que constituye y diferencia la emoción humana.
 
La definición de emoción para la RAE es “alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática”; es decir, cuando sentimos algo:
  1. Lo sentimos un tiempo breve (generalmente segundos o minutos) aunque generalmente intenso; a diferencia de un estado de ánimo (dura horas o días, y es menos intensa), y del carácter (meses o años, o incluso toda la vida).
  2. Con una “valenciapositiva o agradable (alegría, serenidad, felicidad) o negativa o desagradable (miedo, tristeza, ira). Ninguna emoción es “negativa” en el sentido de que todas nos ofrecen una información positivamente útil para nuestra vivencia, pero se habla de positivo o negativo en función de que la experiencia emocional sea agradable o penosa, como nos dice la definición.
  3. Y nuestro cuerpo se predispone a la acción en función de lo que la emoción nos informa acerca de lo que ha sido su causa. Así, ante una agresión, podríamos tener ira, y nuestro cuerpo se prepararía para defendernos. Como vemos, el cuerpo es una parte fundamental de la propia experiencia de la emoción y además se prepara para la acción “lógica” para cada emoción (defensa en la ira; retraimiento en la tristeza; apertura en la alegría y curiosidad; cierre en el asco; huida en el miedo, etc).
 
 

TIPOS DE EMOCIONES
El filósofo griego Aristóteles (siglo IV a.C.) intentó identificar el número exacto de emociones centrales en los humanos y describió hasta 14 expresiones emocionales distintas: miedo, confianza, ira, amistad, calma, enemistad, vergüenza, desvergüenza, piedad, bondad, envidia, indignación, emulación y desprecio.
 
Durante la década de 1970, el psicólogo Paul Eckman identificó seis emociones básicas que sugirió que se experimentaban universalmente en todas las culturas humanas y también en los animales. Las emociones que identificó fueron alegría-felicidad, tristeza, asco-disgusto, miedo, sorpresa e ira.Estas emociones son las reconocidas hoy en día como primarias, innatas y genéticamente condicionadas. Las emociones secundarias tendrían por el contrario un tinte cultural, donde la valencia positiva o negativa, agradable o desagradable, dependería de preceptos culturales o normas, diferentes según la comunidad, que matizarían la experiencia vivida ante el mismo hecho. Estas emociones culturales o secundarias, serían, por tanto, aprendidas en cada cultura.
 
Una de las teorías más destacadas del siglo XX es la rueda de las emociones de Robert Plutchik compuesta por ocho emociones básicas y sus interacciones: alegría, tristeza, confianza, disgusto, miedo, ira, sorpresa y anticipación, que creía que se superponían y se graban en las siguientes como tonos en una rueda de colores. Los "colores" emocionales primarios pueden combinarse para formar los "colores" emocionales secundarios y complementarios. Así, la anticipación más la alegría configuran el optimismo, mientras que el miedo y la sorpresa juntos pueden describir asombro.
 
En los últimos años, los psicólogos han intentado identificar y categorizar estas emociones de una manera que se considera empírica y universal. Sin embargo, la cantidad de emociones en las que se establecen los investigadores depende en gran medida de cómo se definen específicamente las emociones y de los criterios utilizados.
 
Recientemente, científicos como Alan S. Cowen y Dacher Keltner de la Universidad de Berkeley han desgranado su número hasta 27 tipos de emociones únicas (admiración, adoración, apreciación estética, diversión, ansiedad, temor, tensión-nerviosismo, aburrimiento, calma, confusión, ansia, asco, dolor empático, placer, envidia, emoción, temor, horror, Interés, alegría, nostalgia, enamoramiento, tristeza, satisfacción, deseo sexual, simpatía y triunfo). Estos autores encontraron que se podían provocar múltiples emociones a partir de un evento específico en lugar de un solo sentimiento.
 
Esto nos habla de un hecho irrefutable: las emociones pueden superponerse. Si bien, clasificaciones tan extensas hacen que se pierda el poder de la sencillez que nos acerca a un conocimiento de las emociones más básicas, y perdernos en un etiquetado complejo.
 
EMOCIÓN Y SENTIMIENTO:
Una emoción y un sentimiento son conceptos diferentes, aunque lógicamente relacionados. La relación aceptada es que la emoción es el paquete básico, mientras que el sentimiento implica ya una vivencia y reflexión consciente, donde la carga emocional ya ha sido procesada e integrada a nivel cortical; es decir, un sentimiento sería una emoción con pensamiento.
 
El procesamiento emocional básico va a depender de una estructura subcortical, en concreto la amígdala, quien producirá una fijación -con el estímulo que la ha provocado- de un añadido que le confiere un valor diferencial: la emoción que suscita en nosotros. Por ejemplo, una fotografía de un adulto normal no se gestiona en nuestro cerebro igual que la fotografía de nuestro hijo, pues en este segundo caso, esa información visual se asociará a emociones que sentimos por nuestra percepción sobre lo que significa nuestro hijo para nosotros.
 
Sin embargo, en este mismo ejemplo -la fotografía de nuestro hijo- podemos fácilmente comprender que será distinto lo que sintamos en función del contexto. Así, si acabamos de discutir con él, si falleció recientemente, si acaba de acabar la carrera, si asesinó a un familiar, etc… condicionará en mucho lo que represente la vivencia recreada en nuestro interior, por lo que la carga emocional por la amígdala a nivel subcortical, se verá muy influencia por el significado de estos contextos que serán procesados e integrados por estructuras corticales, en concreto por el lóbulo prefrontal con la ayuda del hipocampo por su vinculación con la memoria.
 
Por lo tanto, la emoción depende de un paquete básico procesado a nivel subcortical por la amígdala, mientras la experiencia consciente de un sentimiento requiere un procesamiento más complejo que integra la emoción con aspectos cognitivos dependientes de estructuras corticales, gracias al lóbulo prefrontal (en concreto, las áreas ventromedial y orbitofrontal, como veremos).
 
FUNCIONES
La utilidad de una emoción se basa en la información que nos aporta. Entre todas las fuentes de información sensorial que están en nuestra vivencia, las emociones filtran todos esos estímulos visuales, auditivos, táctiles, olfativos y gustativos (además de otros como la propiocepción o capacidad de sentir y saber dónde está cada parte de nuestro cuerpo) y nos permite poner nuestra atención en lo relevante, teniendo en cuenta nuestras preferencias personales, y no solo con acento en nuestra supervivencia.
 
Por ejemplo, si aparece un león en nuestro camino, la amígdala se activará poderosamente para tomar decisiones sobre qué hacer para preservar nuestra vida, disparando la emoción del miedo, posiblemente. Sin embargo, si somos domadores de leones en un circo, la situación será distinta: el sistema cortical se encargará de aprender a inhibir esa reacción de supervivencia, y aprenderá a disfrutarlo incluso, sintiéndose en una vivencia de seguridad para la que innatamente no estamos preparados al nacer.
 
Por lo tanto, una de las funciones fundamentales es centrar nuestra atención entre toda la información disponible, pero podemos destacar otras muy importantes:
  1. Adaptativa: favoreciendo que nuestro comportamiento y acciones se adecúen mejor a nuestro medio, tanto desde el punto de vista de asegurar nuestra supervivencia (subcortical), como de mejorar nuestra relación en ambientes sociales complejos (cortical).
  2. Motivadora: moviendo nuestras acciones hacia la búsqueda del placer y alejándonos de la experiencia del dolor. Nos dirige a lograr emociones de valencia positiva o agradable y evitar emociones de valencia negativa o desagradable (al menos así lo consideramos conscientemente…).
  3. Comunicativa: ayudándonos a tener información útil para poder comunicar mensajes de contenido emocional tanto con los demás (inteligencia emocional interpersonal) como con nosotros mismos, lo que favorece comprendernos mejor en función de lo que sentimos (inteligencia emocional intrapersonal). Esta función requiere de una información altamente procesada a nivel cortical (prefrontal ventromedial y orbitofrontal), además de áreas del habla (prefrontal dorsolateral y temporal) y está poderosamente influida por la empatía, dependiente de áreas como el lóbulo prefrontal, cingulado o gyrus cinguli e ínsula). Todas ellas son estructuras del cerebro más evolucionado del ser humano.
 

COMPONENTES
Se considera que la emoción es resultado de un estímulo, interno (pensar en la muerte) o externo (ver un león), que provocan en nosotros una reacción, y que esta reacción emocional tiene diferentes componentes. Podríamos cuestionarnos este enfoque, toda vez que ante un mismo estímulo se pueden producir emociones diferentes según el contexto de la persona y desde luego entre diferentes personas, pero tradicionalmente se considera que las emociones son resultado de un estímulo y no la percepción del estímulo resultado de nuestro interior emocional (lo dejamos a reflexión personal).
 
En cualquier caso, los componentes tradicionales de una emoción una vez producida, y no necesariamente conscientes, son los siguientes:
  1. Fisiológicos u homeostáticos: dependientes de la activación por la amígdala de núcleos cerebrales que producen una respuesta vegetativa automática, para preservar la homeostasis o equilibrio para la vida, que se coordinan desde el hipotálamo (HT) -centro regulador endocrino y vegetativo superior-, y núcleos del tronco del encéfalo, entre otros: sustancia gris periacueductal, locus ceruleus (liberan noradrenalina -NA- y activan el simpático) y núcleos del vago o X par craneal y núcleo parabraquial (liberan acetilcolina -Ach- y activan el parasimpático). Las funciones endocrinas del HT se centran en facilitar, con sus factores hipotalámicos, que se liberen unas hormonas en la hipófisis (eje hipotálamo-hipofisario), que controlan entre otras las glándulas tiroideas y adrenales, éstas últimas responsables de la liberación de cortisol (muy relacionado con el estrés agudo y crónico).
  2. Cognitivos: responsables de la experiencia y vivencia de esa emoción, es decir, el procesamiento mental cortical de lo que estamos viviendo. Se considera que una emoción es inicialmente automática, inconsciente e inmediata (lejos del control consciente), pero cuando es procesada por el sistema cortical, y la convierte en sentimiento, el cerebro racional la haría consciente y por tanto podría gestionarla. No obstante, hay procesos mentales subcorticales que la propia amígdala ya gestiona a nivel subcortical, por lo que, en todo caso, ante cualquier estímulo, se produce un “procesamiento cognitivo” de nivel más simple (inconsciente y subcortical por la amígdala) o más elevando (consciente y cortical por el lóbulo prefrontal) en todo caso.
  3. Conductuales: conducentes a tomar una acción determinada por nosotros ante esa emoción, y que está en consonancia con lograr armonizar nuestra experiencia y reestablecer el equilibrio o disfrutar de ese momento. En esta expresión emocional se incluyen tanto las acciones y comportamientos a los que nos llevarían y precargarían el cuerpo nuestras emociones (defendernos ante la ira, por ejemplo, en un ataque externo), como la expresividad de la propia emoción a través de nuestra mímica facial y todo el lenguaje no verbal por la postura corporal y aspectos paraverbales (volumen, tono, ritmo al hablar).
NEUROCIENCIA AFECTIVA: una nueva ciencia emocional multidisciplinar.

Desde hace unas décadas, existe un gran interéspor un abordaje científicodelas emociones que ha hecho que se haya definido una nueva “modalidad” de conocimiento: la Neurociencia afectiva. Tradicionalmente, las neurociencias o ciencias dedicadas al estudio de lo cerebral o neurológico, se han centrado en aspectos más vinculados con la cognición, el pensar y razonar, la memoria, la atención, y similares, a lo que se ha venido llamando Funciones Cognitivas Superiores (FCS), que -como veremos- dependen de estructuras corticales preferentemente frontales y que se centran en el tipo de pensamiento lógico-matemático, racional y analítico, lineal, característico de las ciencias, propio del hemisferio izquierdo, que generalmente se separaban de todo lo emocional, más relacionado con el hemisferio derecho.
 
Hoy en día, existe un número emergente de publicaciones en la bibliografía científica que están intentando escudriñar cuáles son los procesos neurológicos que se relacionan con nuestras emociones, y con ellos, cuáles son los núcleos neuronales y vías nerviosas cerebrales responsables de lo que sentimos y la forma en que influyen en nuestras decisiones, nuestras vivencias y nuestros recuerdos. La Neurociencia afectiva incluye el estudio científico de todos estos aspectos, y otros temas relacionados -como veremos con la teoría de la mente y memoria de trabajo emocional-, que presupone una pérdida de la diferenciación entre lo racional y mental, y lo emocional y no tan vinculado a lo mental, dado que las emociones, al igual que los procesos cognitivos tradicionales (pensar, razonar), es una función superior más-parte de FCS, por tanto-, y absolutamente imprescindible, de hecho, en nuestro proceso de toma de decisiones.
 

ENFOQUE MULTIDISCIPLINAR:
Esta ciencia multidisciplinar supone un diálogo entre diferentes áreas del conocimiento científico, en las que de forma aproximada podríamos incluir las siguientes:
  • MEDICINA, con múltiples especialidades médicas implicadas:
  1. Neurología: enfocada hacia el estudio anatomo-fisiológico de la circuitería cerebral implicada en las emociones, y la detección y diagnóstico de síntomas y signos emocionales y comportamentales en sujetos sanos y enfermos -a partir de lesiones en el sistema nervioso central (SNC).
  2. Psiquiatría: enfocada a los aspectos más “mentales” con diagnóstico (y tratamiento) de síntomas y signos de enfermedades psiquiátricas -como si fueran diferentes de las neurológicas- y con una base muy poderosa hoy en día en la influencia sobre los neurotransmisores implicados en ellas (por ejemplo, serotonina en la depresión; o dopamina en la esquizofrenia).
  3. Neurocirugía: centrada en el tratamiento quirúrgico de lesiones que afectan a la emocionalidad del sujeto y sus implicaciones vitales, pretendiendo más recientemente asegurarse vías de abordaje quirúrgico que preserven, en mayor medida, las vías y núcleos principales que puedan estar próximos a esas lesiones; gracias a la ayuda de los avances en las imágenes radiológicas que ofrecen esta información. Actualmente, la Estimulación Cerebral Profunda -o deep brain stimulation (DBS) en inglés- ha ampliado las indicaciones clásicas de la neurocirugía.  La DBS es un tratamiento quirúrgico consistente en implantar un aparato médico que envía impulsos eléctricos a puntos específicos del cerebro. Seleccionando estos puntos se han conseguido beneficios terapéuticos para enfermedades resistentes a tratamiento como puedan ser el dolor crónico, la enfermedad de Parkinson, temblor esencial o distonía. También puede aplicarse en el tratamiento del Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC) y depresión mayor resistente a fármacos.  A pesar de la relativamente larga historia de esta técnica, sus principios subyacentes y mecanismos aún no están claros. Básicamente lo que se consigue es cambiar la actividad cerebral (neuronas y circuitos) de una manera controlada (neuromodulación) y sus efectos son reversibles.
  4. Neurofisiología: centrada en el estudio de la fisiología de los centros neuronales (sustancia gris) y vías (sustancia blanca) que están implicados en los procesos mentales y emocionales del sujeto, muy orientada hacia núcleos que, al activarlos o bloquearlos, mejoren las condiciones de vida del paciente, cuando no su curación. Proporcionan las imágenes y el estudio del SNC y periférico a partir de la diferenciación anatómica y funcional de su energía eléctrica, por medio del ElectroEncefaloGrama (EEG). La magnetoencefalografía (MEG) es una técnica funcional de neuroimagen que permite mapear la actividad cerebral mediante el registro de campos magnéticos producidos por corrientes eléctricas que ocurren naturalmente en el cerebro, utilizando magnetómetros muy sensibles. La MEG puede detectar actividad neuronal con una precisión de 10 milisegundos  o más rápido (alta resolución temporal) complementando a otras técnicas de medición de la actividad cerebral, como la EEG, el PET y RM funcional.
  5. Radiología (Radiodiagnóstico): responsable del diagnóstico e incluso tratamiento de enfermedades neurológicas a través de la utilización de imágenes que estudian con diferentes tipos de energía los centros nerviosos y sus vías de comunicación, tanto en sanos como en enfermos con lesiones, a las que localiza y tipifica. La Radiología proporciona los estudios de Resonancia Magnética (RM) y su modalidad funcional, espectroscopía y tractografía tan utilizadas en esta ciencia, y que nos proporciona información in vivo de las áreas implicadas en las emociones que el paciente esté teniendo, las acciones que esté llevando a cabo o sus interrelaciones con otras áreas (sensitivas, motoras, etc).
  6. Medicina Nuclear: responsable del estudio del SNC por medio del PET (Tomografía por Emisión de Positrones, en inglés), que permite utilizar la energía de esta radiación ionizante (porque produce iones libres). En este caso, el PET permite valorar el metabolismo o actividad de las diferentes zonas cerebrales, y saber así cuáles se relacionan con las emociones o actividad que se esté llevando a cabo en el sujeto. El SPECT (tomografía por emisión de fotón único o Single Photon Emission Computed Tomography, en inglés) permite también analizar los cambios en la perfusión cerebral.
 
 
  • PSICOLOGÍA: enfocada en el estudio del proceso del pensar y sentir de las personas sanas y enfermas, con un enfoque cada vez más neurobiológico, y por tanto con un enfoque científico basado en lo mensurable, que proporciona una fuente de información contrastable y reproducible, pero alejándose cada vez más de lo “no medible” (área no estudiada desde la ciencia). Un gran auge en la corriente de la psicología positiva está favoreciendo que cada vez más nos enfoquemos en qué es lo que ocurre cuando nos sentimos sanos y bien, y no solo nos interesemos científicamente en los sujetos con problemas, patologías o lesiones.
  1. La neuropsicología es una rama de la psicología más específica que converge con la neurología.  Es una disciplina y especialidad clínica que se ocupa de cómo el cerebro y el resto del sistema nervioso influyen en la cognición y el comportamiento de una persona. Más importante aún, los profesionales en esta rama de la psicología a menudo se enfocan en cómo las lesiones (traumatismos, infartos, tumores, etc.)o enfermedades del cerebro (Alzheimer, esclerosis múltiple, Parkinson, etc) afectan las funciones y comportamientos cognitivos. La neuropsicología clínica estudia los efectos que una lesión, daño o funcionamiento anómalo en las estructuras del SNC causa sobre los procesos cognitivos, psicológicos, emocionales y del comportamiento individual.
  2. El neuropsicoanálisis actual un movimiento que trata de combinar neurociencia y psicoanálisis cuyo objetivo es comprender las relaciones entre mente y cerebro. El propio Sigmud Freud, padre del psicoanálisis, comenzó su carrera como neurólogo. Esta disciplina que contiene en sí misma otras tres áreas separadas (la neurociencia psicodinámica, el neuropsicoanálisis clínico y la teoría “building”), llevó a expulsar hipótesis empíricas y comenzar la investigación sobre los mecanismos de defensa del yo, la memoria, sueños, empatía, inconsciente dinámico y procesos emocionales-motivacionales (teoría del impulso o del “drive”). Las experiencias del apego del niño durante el primer y segundo año (aproximadamente) así como las experiencias de desaprobación construyen conductos que regulan emociones y afectan profundamente la personalidad adulta.
  • PRIMATOLOGÍA: la cual, gracias al estudio de los primates, proporciona información muy útil sobre los “orígenes” evolutivos de la forma en que el cerebro y la mente humana procesa su información y coordina sus acciones y comportamientos. Especialmente en la cognición social y la valoración de ámbitos interpersonales complejos, aporta una gran cantidad de estudios en los que la base del comportamiento puede predecir en ocasiones el propio del humano.
  • ETOLOGÍA: ciencia del comportamiento animal, incluyendo el humano, que realiza estudios comparados entre las diferentes formas de expresión animal, y por ello aporta un enfoque evolutivo y comparado entre las diferentes especies, facilitando muchas veces la comprensión del comportamiento humano, en función de otros más “básicos” en la escala evolutiva.
 
 

FIN DE LAS DUALIDADES:
Se ha hablado mucho de dos dualidades: mente-cuerpo y razón-emoción.
 
Desde René Descartes en el siglo XVII, con su diferenciación entre res cogitans (parte con la que pensamos, o mente) y res extensa (cuerpo), se ha creído en una separación entre mente y cuerpo, como si estuviéramos diferenciando en un ordenador el software (=mente) y el hardware (=cuerpo). Incluso también se ha hecho una diferenciación entre cuerpo y cerebro, siendo éste parte orgánica del cuerpo.
 
Por otra parte, las emociones han sido tratadas, ya desde los griegos, como pasiones negativas que impedían refrenar instintos poco racionales en el ser humano y lo alejaban del camino de la virtud (Platón y Aristóteles), por lo que se daba preeminencia a lo racional sobre lo emocional, presuponiendo de por sí una separación entre ambos. Será en el siglo XVIII y especialmente el XIX, cuando la afectividad no tenga esas connotaciones tan negativas y con ello empiecen a ser valoradas y puestas en contexto, además de ser un claro foco de estudio a partir de su integración con el sistema límbico en el siglo XIX (Broca, Papez, MacLean).
 
Por lo tanto, gracias al estudio integrado y armonizador, integrador y sistémico, del cuerpo, el cerebro, la mente y las emociones (mejor que llamarlo corazón, para no confundirlo con la bomba cardíaca), tanto en el cerebro y sus núcleos, como en su respuesta fisiológica y homeostática en el cuerpo, se pone así fin a esa espuria separación entre estas áreas o sistemas que, lejos de constituirse como reinos de taifas, forman realmente sistemas integrados, interconectados y que permanentemente intercambian información en diferentes formas de energía que hoy en día podemos “ver” con nuestras máquinas científicas.
 
FUENTES DE INFORMACIÓN Y ESTUDIOS: CÓMO SE OBTIENEN LOS DATOS
En el estudio científico de cualquier aspecto resulta trascendental evaluar el proceso de recogida de datos. Es decir, necesitamos evaluar la fiabilidad de esos datos para que la extrapolación a partir de ellos (de una muestra, en concreto) pueda ser trasladable a lo que esperamos que ocurre en general con todos los demás (estudiados o no en nuestra muestra). Así, valorar el llamado “material y métodos” de un estudio científico te permite ver si esos investigadores han podido cometer errores o sesgos a la hora de recoger la información, a partir de la cuál pretenden sacar conclusiones extrapolables a toda la población.
 
Por ello, podemos cuestionarnos cómo puede ser fiable la información sobre emociones o procesos mentales, que no resulta fácilmente medible, al menos de una forma directa.
 
Los estudios que se hacen generalmente tienen diferentes enfoques, y es interesante destacarlos:
  1. Pueden provenir tanto de animales como de humanos, y tanto de individuos sanos como enfermos. La ventaja del animal, especialmente no mamíferos, es que pueden “manipularse” guardando siempre los aspectos éticos y legales, posibilidad inviable en humanos.
  2. El estudio de biopsias de lesiones cerebrales en vivos o autopsias de cadáveres, cuyo comportamiento emocional pudiera conocerse o estudiarse incluso a posteriori por informes de la familia y allegados.
  3. Los estudios con mayor predicamento hoy sin duda son los que ofrecen imágenes de humanos (o animales), vivos, mientras nos aseguramos de que experimenten alguna emoción concreta. Estos estudios de imagen son proporcionados por la RM (en secuencias funcionales o por tractografía, por ejemplo), PET (valora metabolismo y actividad) y EEG (valora la actividad eléctrica diferencial por localización anatómica). Todos estos estudios permiten ver en tiempo real los pensamientos y sentimientos que podamos reproducir en sujetos, a través de estímulos controlados “en laboratorio”.
  4. Los estímulos que pueden utilizarse varían mucho, y pueden ser tanto de base objetiva-mucho más fiables porque lo registra el propio científico o investigador- como de sustrato subjetivo-menos fiables, y ofrecidos por lo que dice el sujeto.
  • Son subjetivos los síntomas que refiere el paciente, sobre lo que dice haber pensado, recordado o sentido.
  • Son objetivos los signos que vemos en el paciente o el cerebro del paciente, mientras le ofrecemos imágenes o estímulos con contenido emocional (fotografías y vídeos, o sonidos, por ejemplo), o ciertos reflejos como la sudoración, el reflejo de sobresalto de parpadeo, la conductancia electrodérmica de la piel ante estímulos controlados, o medidas no controlables por el consciente del sujeto (dilatación pupilar, temperatura corporal, pulso y frecuencia cardiaca, etc). Por ejemplo, es sabido que cuando vemos imágenes con contenido emocional desagradable (niño asesinado), parpadeamos mucho más que cuando son estímulos neutros (una manzana); mientras que cuando es un estímulo agradable (mascotas y cachorros, niños jugando), el reflejo de parpadeo disminuye. Por lo tanto, si un pacienteno aumenta su parpadeo ante una imagen emocionalmente desagradable (para la mayoría), quizás quiera decir que la afectividad que otros ven, esa persona no la percibe ni la siente así.
 
ENFOQUES BIO-CONDUCTUALES DESDE LA MEDICINA ORIENTAL:
El yoga es una de las disciplinas paramédicas más extendida en el mundo para la promoción de la salud y la prevención de enfermedades o el estrés, al igual que el mindfulness. Está enfocada en la observación tanto mental como del cuerpo y ciertos autores postulan su uso como modalidad de tratamiento complementario de ciertos los trastornos neurológicos: esclerosis múltiple, enfermedad cerebrovascular, epilepsia, Parkinson, Alzheimer, neuropatía, mielopatía, o incluso síndrome de Guillain-Barre; si bien cualquier persona puede beneficiarse de estas técnicas que nos ayudan a encontrar la quietud o estabilidad mental. Se podría concluir que el yoga podría considerarse como un adyuvante eficaz para los pacientes con diversos trastornos neurológicos.
 
El estrés tiene poderosos efectos adversos en nuestro cuerpo cuando se produce de manera crónica, incluido el acortamiento de los telómeros (vinculado con el envejecimiento por material genético mal reparado), el aumento de citocinas inflamatorias (vinculado con un estado de inflamación crónica del organismo) y la disminución de la inmunidad mediada por células (que se asocian con un mayor riesgo de cáncer e infecciones, y peores resultados con el tratamiento). Aunque el estrés puede no causar cáncer directamente, puede promover el crecimiento y la progresión del cáncer a través de vías neuroendocrinas (por medio del sistema nervioso simpático, eje hipotalámico-pituitario-adrenal) que aumentan la inflamación, promueven la angiogénesis (=formación de nuevos vasos que aumenten el riesgo de células con crecimiento descontrolado), reducen la anoikis (=muerte celular programada en su vinculación con la matriz extracelular que es su “hogar”; significa “sin hogar”, porque las células tumorales pierden esta facultad de morir y sobreviven en otros sitios que les corresponden, haciendo metástasis) y disminuyen la eficacia de la quimioterapia.
 
Por lo tanto, las intervenciones bioconductuales como el yoga o la meditación y el mindfulness tienen el potencial de mejorar los resultados del cáncer al disminuir el estrés y alterar sus efectos en la biología del cáncer.
 
UN ENFOQUE MÁS ENERGÉTICO EN LA MEDICINA EN OCCIDENTE:
El planteamiento médico tradicional, al menos en Occidente -y en contraposición con la medicina tradicional en Oriente- se centra en aspectos visibles, tocables, y de una forma u otra mensurables, como precepto básico de la ciencia y su método científico. Necesitamos “ver” algo que podamos cuantificar para evidenciar su existencia y valorar su evolución en función de cambios de determinadas variables.
 
Por ejemplo: supuestamente no podemos ver ni medir el miedo que tiene un paciente ante la pandemia del COVID, pero sí podemos evaluar el grado de seguimiento de las medidas recomendadas, el número de veces que sale de casa, y registrar las emociones y el comportamiento que refiere el paciente, o estudiar el tipo de lenguaje que utiliza para describirlo. Por lo tanto, todo aquello que se escapaba de lo “corpóreo”, como sucedía hasta ahora con la mente y las emociones, no podían fácil ni directamente ser estudiadas por la ciencia, lo que suponía una limitación para su avance y conocimiento.
 
No obstante, hoy las cosas han cambiado. Gracias a nuestras máquinas (RM, PET, EEG, e incluso encefalografía magnética transcraneal), podemos VALORAR LA ENERGÍA que suponen estos pensamientos y sentimientos o emociones, y por lo tanto medir, evaluar y registrar científica y fehacientemente su existencia y los cambios que se producen en el SNC ante su presencia.
 
Por lo tanto, es necesario que la ciencia occidental empiece por aceptar algo obvio: nuestros pensamientos y emociones “son” de alguna forma energía, y gracias a ello podemos estudiarlos científicamente. Y así, el postulado tradicional que de solo el cuerpo y sus partes se puede ocupar un científico debe ser extinguido de nuestras conciencias, para sustituirlo por la posibilidad de estudio científico tanto de lo que sentimos como de lo que pensamos, pues podemos registrar y estudiar la energía que suponen, y localizarla en diferentes zonas de nuestro SNC.
 
Esperamos que esto abra también la mentalidad médica occidental hacia un enfoque más energético, que hoy en día no tiene cabida de forma explícita en el enfoque de nuestros programas docentes y universitarios, pero que sí suponen una apertura a una cosmología o forma de ver la vida muy diferencial con la que se proporcionaba en Occidente hasta hace pocas décadas.


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Autores:
  1. Dr. Antonio Saiz Ayala:
    • Jefe de Sección Neuroradiología HUCA.
    • Profesor Asociado de Ciencias de la Salud de la Universidad de Oviedo.
    • Doctor en Medicina por la Universidad Complutense de Madrid
    • Médico Especialista en Radiodiagnóstico.
  2. Dr. David Calvo Temprano (Director y formador EEL Asturias, Coach de Salud & Practitioner por AICM; Médico Radiólogo HUCA y Profesor Universidad Oviedo).

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