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LA ASERTIVIDAD III: SITUACIONES DIARIAS Y CÓMO EDUCARLA.
Aprender a ser ASERTIVO en sociedad y en nuestro día a día nos permitirá vivir en ARMONÍA como seres LIBRES.

Fecha: 01/11/2020

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Hemos valorado en las dos anteriores entradas sobre ASERTIVIDAD, qué es, cómo definirla, qué tipos de expresión asertiva había y CÓMO MEJORARLA en nosotros mismos, mediante técnicas sencillas, intuitivas y fáciles de aplicar en nuestro día a día (véanse los enlaces directos para esas entradas más abajo).
 
Ahora vamos a dar un paso más, avanzando en dos líneas interesantes:
1. Cómo aplicarlo en situaciones habituales de todos nosotros, en áreas donde es frecuente que mostremos una asertividad comprometida.
2. Cómo educar en asertividad: el papel de la sociedad en este importante ítem personal, familiar y comunitario (¿democrático?).
 
APLICACIÓN EN SITUACIONES ESPECÍFICAS:
Veamos cómo aplicarlo en cuatro situaciones específicas de nuestro día a día:
1.     En pareja.
2.     Ante críticas.
3.     Cuando pedimos algo.
4.     Al expresar nuestros sentimientos.

 
A) En la ASERTIVIDAD EN PAREJA utilizaremos los siguientes principios básicos:
  • Es más apropiado hacer una petición que una demanda o exigencia. Reflexiona: ¿qué te gusta más, sentirte obligado a algo o regalar tu generosidad a otra persona?
  • Es mejor hacer preguntas que acusaciones, presuponiendo lo peor del otro en vez de preguntarle. El problema de presuponer es que realmente nos lo creemos; nos creemos lo que hemos presupuesto, sin haberlo verificado.
  • Al criticar a la otra persona, hablar de lo que hace (describe hechos), no de lo que es (su identidad), dando siempre por supuesto que los peores comportamientos del otro representan quién es en realidad, haciendo habitualmente justo lo contrario con lo que sí valoramos de nuestra pareja. Es decir, pasamos por alto todo lo “bueno”, pero recordamos lo “malo”: no parece muy justo, ¿verdad? Amén del hecho de que lo “bueno” y “malo” lo declaramos nosotros, y quizás no todos estén de acuerdo con nuestros criterios.
  • No ir acumulando emociones negativas sin comunicarlas, pues evitaríamos comunicarnos y que así pudieran ser sanadas, perdonadas o comprendidas de la mejor forma posible. Cuando sanamos una emoción negativa y perdonamos el hecho, el juicio y su carga emocional desaparecen.
  • Discutir los temas de uno en uno, evitando que se trate únicamente de un campo de batalla donde solo pretendemos imponernos al otro y tener razón (el afán siempre de nuestro ego), prejuzgando que el error del otro en otros temas fortalecen la creencia nuestra de que ahora también estará equivocado.
  • Evitar las generalizaciones, pues es la mejor manera de no permitir que la realidad sea lo que es ahora, y traer el pasado –tal y como lo hemos juzgado- al presente del comportamiento de nuestra pareja. Si haces generalizaciones, que sean de los aspectos más positivos de tu pareja, para conseguir así que pretenda mantenerlo y uniros en lo amoroso entre vosotros, no en el sufrimiento por los remordimientos del pasado.
  • No guiarse por una excesiva sinceridad en la pareja (sincericidio), lo que no obsta para basar la relación en una comunicación sincera, siempre preferible como medio de expresión y manifestación de quien realmente somos en la pareja.
  • La comunicación verbal debe de ir acorde con la no verbal, lo que solo se consigue si nosotros mismos tenemos en nuestro interior un mensaje coherente que deseamos compartir. Se dice que somos felices cuando lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos están correctamente alineados (Gandhi sic).
 
Una persona asertiva con habilidades de comunicación desarrolará en pareja su capacidad de:
  • dar, agradecer y pedir gratificaciones;
  • expresar sentimientos “negativos” o desagradables y por supuesto “positivos” o agradables;
  • empatizar o ponerse en el lugar del otro para ver las cosas desde su forma de entender el mundo y la relación(su mapa del mundo, como decimos en PNL);
  • compartir afecto físico y emocional de una forma aceptada y valorada por ambos; y
  • afrontar la hostilidad inesperada o al mal humor, que parece ser irremediable en algún momento de la relación, y no por ello ha de afectarla en su esencia. Reflexiona: ¿Cuándo valoras más el amor de tu pareja, cuando estás bien y tu capacidad de comprensión es más alta, o cuando tú estás mal y tu comportamiento no es el más amoroso?
 
B) Para responder ASERTIVAMENTE ANTE LAS CRÍTICAS, la persona tiene que saber interpretar objetivamente una situación, discriminar lo que es verdadera crítica o evaluación y lo que es mera interpretación suya (distorsionada por sus pensamientos irracionales); y saber evaluar cuándo una crítica está siendo emitida con mala voluntad o si se trata de una crítica constructiva. En este caso es muy importante el tono utilizado (en general, todo el lenguaje paraverbal y no verbal).
 
Si nos parece que la crítica es justificada pero no deseamos continuar hablando sobre el tema podemos reconocer el hecho (“Tienes razón”), retractarnos (“Tendría que haber hecho...”) y a veces nos puede ayudar explicamos (“No lo hice porque...”), siempre que no sea un medio para “justificarnos”, pues deshace el comportamiento aproximador de la declaración del error propio.
 
En el caso de que queramos convertir al otro en aliado, en vez de en un crítico, preguntaremos “¿Qué crees que debería hacer ahora o debería haber hecho antes? En cualquier caso, no permitiremos que el otro generalice su crítica a otras situaciones o a otras facetas de nuestra personalidad (=“forma habitual de comportamiento” que muchas personas piensan que son rasgos intrínsecos de su identidad) o sentido de identidad (=”lo que verdaderamente somos”). Utilizaremos el acuerdo asertivo o el banco de niebla, y si la persona sigue insistiendo, podemos utilizar el aplazamiento asertivo (véase entrada sobre técnicas asertivas).
 
C) Cuando vayamos a REALIZAR PETICIONES DE FORMA ASERTIVA, en primer lugar clarificaremos qué es lo que queremos exactamente (“Pido ayuda de..., Quiero..., Cuándo lo quiero, Dónde lo quiero” etc…); luego, señalaremos el momento y un lugar para discutir el problema que nos concierne (y no “reñir”). Al realizar nuestra petición caracterizaremos la situación/problema lo más detalladamente posible, nos expresaremos por medio de los “Mensajes-yo” (“yo pienso, yo siento, yo hago…” sin utilizar formas plurales como “nosotros” o impersonales “se debería”) y lo enfocaremos siempre desde nuestro punto de vista, limitando mediante una o dos frases cuál es nuestro objetivo.
 
D) Cuando EXPRESEMOS SENTIMIENTOS ASERTIVAMENTE trataremos de incluir frases que comiencen por “Quiero...”, “Me gusta...”, “Me siento...” (…en la expresión de mi emoción), e intentaremos comprobar el significado o los sentimientos que subyacen a los comentarios del otro a través de preguntas y no solo presuposiciones sin verificar (¿“Sentías que te criticaba cuando dije..”?... en la comprensión de “tu” emoción):
  • Es importante no dejar pasar situaciones confusas sin clarificarlas y acostumbrarnos a utilizar frases reforzadoras de nuestra comprensión de su expresión emocional.
  • Como alternativa a estallar de ira en una controversia tenemos la fórmula “Estoy enfadado porque...” y “Me gustaría que...”.
  • El patrón de lectura mental (“el otro piensa que yo…,” como si pudiéramos leer verdaderamente su mente) y la relación causa-efecto (“mi pareja no me hace feliz…” como si nuestra felicidad dependiera realmente de lo que el otro hiciera o dijera… Si eso fuera cierto, toda persona que traten bien sería feliz, y toda a la que la vida trate mal sería infeliz, pero reflexionemos: ¿es esto acaso cierto? ¿siempre?) no son patrones lógicos de pensamiento, tal y como nos explica la PNL, pero son tremendamente utilizados por todos de forma habitualhasta ahora.
  • Si nos cuesta mucho expresar sentimientos, fijarnos en nuestra conducta externa (voz, gestos, postura corporal) hará que no estemos tan pendientes de lo que tenemos que decir (formulación mental interna de nuestros sentimientos).
  • Una buena expresión de los propios sentimientos debería incluir nuestras necesidades, deseos, derechos y cómo repercuten las distintas situaciones en nosotros; y no debería incluir excesivos reproches, un deseo de herir ni victimismo.

EDUCANDO PARA LA ASERTIVIDAD:
La asertividad se va aprendiendo a lo largo de la vida, y es, además, la mejor manera de facilitar que una persona se desarrolle en todos sus aspectos de forma integral y holística, más allá de la creencia en un mundo hostil del que hay que protegerse y debemos ponernos un escudo.
 
El niño no sólo tiene que aprender a relacionarse con personas de su edad, si no también con adultos, y el aprendizaje que el niño haga depende en gran parte de nosotros, los educadores (y todos estamos siempre educándonos mutuamente, de forma consciente o no).
 
El niño asertivo con el adulto es amable cuando le preguntan, levanta la mirada, mira a los ojos y tiene un habla clara. También pide aclaraciones si no entiende algo y no interrumpe.
 
Un niño se va desarrollando en estrecha interrelación con el ambiente que le rodea y dependiendo de cómo sea el ambiente, este aprenderá a comportarse de una manera u otra.
 
El aprendizaje de la asertividad en el niño dependerá de los llamados consecuentes y el modelo a imitar.
 
I. LOS CONSECUENTES:
Los consecuentes (lo que ocurre inmediatamente después de una conducta, algo así como las “consecuencias” de lo que ocurre de forma genérica, y no necesariamente negativas) pueden ser de dos tipos.:
  • El refuerzo positivo, es decir, cualquier respuesta agradable que nos llegue del exterior y que nos haga pensar que la conducta que acabamos de emitir es deseable. Este puede ser material (premios, regalos, objetos), simbólico (dinero o intermediarios) o social (elogios, miradas, atención). 
El premio social es el más poderoso y tiene un efecto mucho mayor que cualquier premio material que podamos dar a la persona, especialmente en esta etapa de su vida. Este tipo de refuerzo aumentará la probabilidad de que la conducta se vuelva a producir, mientras una conducta que no reciba una respuesta valiosa durante un tiempo prolongado se irá debilitando hasta desaparecer.
 
  • El castigo, interpretada como cualquier respuesta no gratificante, que puede ir desde el castigo físico hasta el desprecio, la burla o la agresión verbal. Este puede cambiar la conducta con respecto a la persona que dispensa el castigo, pero no la actitud de la persona castigada.
Suele provocar la imitación, el distanciamiento entre castigador y castigado y crear sentimientos de depresión y baja autoestima en la persona que lo recibe. El castigo es subjetivo, unos se sentirán castigados por algo que para otros no significa nada. Debemos diferenciar entre un castigo y una consecuencia, pues la consecuencia no tiene relación moral ni incide en aspectos de la autoestima ni autoimagen personal, aspecto más dañino del castigo, y motivo principal para no ser recomendable.
 
¿Cómo se pueden formar entonces conductas agresivas, sumisas o problemáticas en general? Por medio de:
  • conductas inadecuadas, es decir, se les muestra atención por una conducta no correcta (reír las gracias, atender a quejas, atender solo conductas agresivas, alabar mucho una conducta callada,...);
  • una actitud impaciente, haciendo algo que debería hacer otra persona para acelerar el ritmo; y
  • consecuencias contradictorias, por ejemplo actuando con él según estemos de humor o si pretendemos que el niño haga una cosa y luego no la hacemos nosotros mismos.
 
De alguna forma todo comportamiento se ve fortalecido por todo aquello que la persona considera beneficioso para sí. De modo que, si no queremos que un niño nos interrumpa constantemente cuando hablamos con adultos, no debemos fortalecerle que lo haga insistentemente prestándole la atención a ellos cuando interrumpe, y denegándole atención cuando no estamos hablando con otros adultos.
 
II. EL MODELO A IMITAR:
En cuanto a los modelos a imitar, hay que tener en cuenta que nos solemos fijar más en lo que vemos u oímos que en aquello que nos dicen o leemos.  Por ello, los padres y los profesores son importantísimos para el niño como reforzadores y como modelos a imitar.
 
Para educar en la asertividad, hay una serie de actitudes generales a tener en cuenta:
  • Tener cuidado con proyectar nuestros propios temores y experiencias en nuestros hijos.
  • No confundir un error puntual con una característica permanente de la personalidad.
  • Asegurarse de que las expectativas que se tienen respecto al niño son razonables y adecuadas a su nivel y edad
Si el niño presenta problemas de asertividad, le observaremos como hemos descrito anteriormente durante un tiempo y con la mayor objetividad posible. Es importante, además, que escuchemos al niño dedicándole tiempo, dejándole claro que nos interesa lo que cuenta, siendo empáticos y activos al escucharle, poniéndonos en su lugar, etc.. Le invitaremos (no obligaremos) a que nos cuente aquello que le preocupa procurando tener los cinco sentidos puestos en él: lo que en coaching llamamos practicar una escucha activa, centrarnos en él y en cómo él vive lo que cuenta, desde su especial y particular forma de entender el mundo (su mapa del mundo). Conviene hacerle consciente de sus derechos e introducir alusiones a estos en nuestra vida cotidiana.
 
Podemos enseñarle asertividad de FORMA INDIRECTA. Si vemos que el niño comienza a mostrar conductas que más adelante le pueden causar problemas, estaremos muy atentos a sus manifestaciones y comportamientos y reforzaremos aquellas que se aproximen a la correcta, ignorando aquellas que se aproximen a la sumisión o la agresividad (y evitar así fortalecerlas prestándole atención).
 
También podemos hacerlo de FORMA DIRECTA, realizando una especie de “trabajo en equipo” con él, siguiendo esta fórmula:
  1. Describiremos la conducta y le daremos una razón para el cambio.
  2. Reconoceremos sus sentimientos y le daremos una formulación clara de lo que se espera de él.
  3. Ensayaremos conductas asertivas a utilizar.
  4. Y preparemos varias estrategias de conducta particulares para su situación, teniendo siempre en cuenta que este trabajo será progresivo por lo que es importante tener paciencia.
 
Como vemos, la EDUCACIÓN DE LA ASERTIVIDAD puede facilitar el mejor desarrollo de la persona y su elección del “modo habitual de comportarse (=su personalidad), decidiendo cómo desea expresarse y manifestarse en su mundo, desde la libertad que todos tenemos, pero sin imponerse a otros ni necesidad de permitir que otros lo hagan con ellos, evitando el chantaje emocional y la manipulación como forma de conseguir las cosas, y abrazando la vida como el mejor escenario de manifestarnos en la forma como la mejor versión de nosotros mismos que seamos capaces de imaginar, crear y experimentar, en armonía con nosotros, con los demás y con nuestro lugar en la existencia.
 
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Autores:
  1. Vanesa Sanmartín Álvarez:
    • ​​Fisioterapeuta.
    • Instructora de  Pilates y Yoga.
    • Terapeuta de Reiki y Flores de Bach.
    • Poetisa.
  2. Dr. David Calvo Temprano (Director y formador EEL Asturias; Coach de Salud certificado por AICM).

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